1 jun 2010

Pálpitos

Pude escribirte un verso para alimentar tu aliento.
Pude saberme en ti y ahogar mi sentimiento.

Aunque pasa el tiempo,
estás hilado en mis gestos
y te posas al descuido
en el quicio de mi alma.

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14 feb 2010

Anónimo

Las líneas del verso irrumpieron en la pantalla como luciérnagas enamoradas.
Asió el ratón y las acarició una a una.
Eran de amor.
Desde un lugar impreciso, unos dedos anónimos habían tecleado y enviado el mensaje al azar.
Ella solitaria ante sí misma no podía contener el alboroto que esas señales despertaban en su interior.
Cerró y se puso ante el espejo maquillándose pausada y detenidamente, mientras recordaba en cada gesto cada uno de esos versos.
El amor le había tomado al descuido.
No podía esperar.
Se vistió con medias suaves y con delicadeza las pasó por sus piernas.
El zapato fue elegido con sumo cuidado.
Lacó sus uñas de un rojo carmesí y recogió sus lacios y largos cabellos, pensando que él podría quitar uno a uno los adheridos hierros.
Le puso rostro.
Sería el primero que encontrara en su paseo a la orilla del mar.
Decidida tomó un taxi cuando se encontró en la calle ataviada con su mejor traje negro.
Cubierta con una capa que esperaba encima del sillón vacío la ocasión oportuna.
No sentiría el frío ni que por las calles no había nadie.
Era su día.
Llegó caldeada con sus pensamientos y tomo ruta bajo las palmeras que parecían ser su única compañía.
-Sabía que vendrías.
Decía alguien que se le acercaba por detrás.
-Seré tu amante en un solo día.
-Después olvidarás.
Unos abrazos, unos besos robados al aire.
Un alma alborotada.
Un mañana que no contaba.
Era y estaba.
Buscaron un rincón entre las rocas y allí mismo consumaron el deseo que no podía esperar.
Ni el frío ni la soledad tenían lugar.

Rosaura despertó tarde.
Era un día más.
Encendió su ordenador y preparó un café.
Vio en la pantalla un mensaje anónimo y sin pensarlo más, lo seleccionó y envió al limbo del spam.
Dejó abierto un canal de música y se puso a jugar al solitario que la tenía entretenida en horas muertas, mientras pensaba en lo inevitable y posible de su realidad.

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3 ene 2010

Ser uno más.

Letras despiertan.
Vengo por ellas.

Desde este instante que se escapa a mi mano.
Quiero recogerlas.

Son néctar.
Son aire.

Diletantes caminan al despiste.
Se enredan en una maraña desmadejada.

No atienden a mis súplicas.
Se evaden.

Es el momento en que toman mi mano.
Tirando de ella para que vuelvan a tentar mis sueños y pensamientos.

Nuevo año se avecina.
Está a la vuelta de la esquina.

El tiempo recorre sus bucles sin tenerme en cuenta.

Soy nauta de un navío fantasma que viene de paso.

Temo al mañana.

Cada vuelta de tuerca me hace más temerosa de lo que está por llegar.

No puedo escapar.

La puerta de salida es la más temida.

¿Qué habrá?
¿Será el olvido o el escollo no superado por escalar?

La mente recorre recovecos de dolor y pesadumbre.

¿Qué nos va a salvar?

¡Nada!

Nos queda adherirnos al ritmo y giro que el mundo nos marca.

Ser uno más.

Esas pretensiones y sueños que en una juventud lejana pretendiste alcanzar, se vuelven humo inasible.

Has querido inventarte un mundo propio que los demás no han secundado.
Has pretendido estar desde tu mismidad.
Has padecido el desdicho y rechazo.
Has tenido que velar con esos traslucidos paños para evitar el sarcasmo y rechazo.

Llegaste a un mundo prefijado en el que se te ha asignado un papel a jugar.

Aún creyendo que del jugo has tomado la ruta del juicio de libertad, ésta no es real.
Unas reglas de juego impuestas te han marcado la hoja de ruta.

Hay muchas versiones para ella.
En una u otra te has tenido que ajustar.

¿Vale la pena luchar por ese gesto de libertad?

¡Aunque te vaya la vida en ello!

Esa lucha has de librar y agradecer no tener otros condicionantes más intragables.

Hubiera sido posible otro giro más represivo.
Eso apunta a conformarse en lo que está disponible.

No es tu mejor momento.

Peores vendrán.

Por ellos has de circular.

¡Saldrás!

De todo se sale.

Hazle cara firme y buen plante.
En peores te podrías encontrar.

Mira en la rendija de luz que se deja contemplar.
Deja de lado el dardo del oscuro sino que apunta a dar.
Intenta sobreponerte y sobrellevar la carga que te toca soportar.

Si se viviera sintiendo el instante.
Sería posible pasar el trago y seguir con pie firme.

Quedas dolido y acunas un duelo de lo que temiste.

Sobreponerse, parece la pendiente que sube la piedra de Sísifo eternamente.


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6 dic 2009

No queda espera ni esperanza

Profanaste la tumba de mis sueños.
Ser alado ensangrentado en las entrañas.
Heriste con tu daga de amor y de deseo.

Sembraste mi alma.
Ahora duerme en silencio la esperanza.

¿Mañana?
¡Ya no hay mañana!
Te llevaste el arco y flechas que lo marcan.

Vuelves a mí,
en ese carro de fuego incombustible,
para preñar mi mente con palabras vanas.

No queda espera ni esperanza.

El alma sube a tu carro y el cuerpo arrastra.

Él lleva el pago y desamparo.

Vuelve en gesto brusco su mirada.
Niega haber estado.
Recorre por nubes de silencio esos pasos.

¡Descansa!

Has abierto tras el espejo de los sueños el vacío en que anda.


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22 nov 2009

Nada es tangible

Hay días en que el silencio se adueña de las palabras.
Ella sale de casa siguiendo el guión que su vida marca.
Se cruza con multitudes.
Cada día rostros distintos, aunque sean los mismos.
Recapacita en ello.
No reconoce más allá de lo propio y próximo.
A veces, fuera de contexto, alguien le sonríe y saluda.
Por discreción, y para no parecer orgullosa, responde al saludo, con un ademán y sonido fugaz.
Al día siguiente, o a los pocos días, en el propio contexto de relación recuerda cual era la razón de esa familiaridad.
Es posible que sea una dependienta acostumbrada a intercambiar palabras pasajeras.
Un camarero amable que despide a cada cual con un deseo de que se tenga un buen día.
Una persona que coincide en el mismo trayecto y que con ella ha compartido otros momentos.
La rutina arrastra la oleada de gente de un lado a otro de la ciudad.
Por las calles.
En paradas de autobús.
Entra por la boca de metro, rechazada por una corriente de aire, para adquirir la tarjeta para diez viajes.
La gente sale o entra.
Ella no tiene la misma actividad.
Le es cómodo contar con ese sitio para adquirirla.
No siempre.
A veces, si tiene tiempo sobrante, se dirige a una librería que por tener periódicos abre temprano, y en ella adquiere el documento que le permitirá ir y venir durante la semana.
El otro día se quedó con el gesto congelado.
Una vecina que dialogaba su monólogo maternal con su perro paso ante ella sin siquiera cambiar el paso.
Pensó que algo fallaba.
Tiempo atrás hubiera respondido a su gesto.
A veces las intenciones no bastan.
La invisibilidad nos amedrenta.
No todos los días son iguales.
Los hay que pasamos desapercibidos hasta para los cristales que reflejan lo que ante ellos se mueve.
Eso vio en una toma fotográfica especial.
Enredando con la cámara encontró una posibilidad de tres disparos consecutivos.
Sucedió que la imagen de un transeúnte que pasaba ante ella, en la parada del autobús, poco antes de salir de allí, quedó registrado como si de una imagen fantasmagórica se tratara.
Eso la llevó a cavilar sobre la posible estrategia de esos documentos que hacen pensar en imágenes de fantasmas.
El momento es el instante fugaz.
Nada es tangible.
Recordarlo le da textura en un espacio virtual.
Suena la radio y los ruidos asimilados que entornan el espacio en que ella teclea sus silencios.

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18 nov 2009

¡Estoy aquí!

Vengo a ti tras un largo viaje.
Ausencias son las que me dejan en este estado del ser.

¿Ayer?
Lejano fue.

No se mide con las horas que ni siquiera son veinticuatro.
Me siento del otro lado.

He recorrido un trecho tortuoso y silencioso.
Regreso nuevamente a ocupar el hueco material que me fue asignado.

Las cosas siguieron con mi participación ausente.
¡Estoy aquí!

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17 nov 2009

¡Que te vaya bonito!

La asaltaron aquellas palabras.
No las esperaba.
Aunque no fueran consignadas por nadie, ella sabía de donde procedían.
El rencor las esgrimía.
No había sido artífice.
Más bien víctima.
Sin embargo eran claras y precisas señalándole con el dedo acusador.
Renglón seguido, las borro.
Eso ayudaría a que pasaran de largo.
A pesar de tener claro que no había razón para enojarse, se enquistaron azuzando la conciencia y tejiendo enredaderas de trampas y quimeras.
Una palabra es como la bola de nieve que se crece ladera a bajo.
Al cabo del día la dimensión del requiebro era tal que la congoja anudaba su garganta.
Lágrimas secas se perpetraban.
Hubiera llorado el silencio olvidado.
Otras razones quebraban su paso.
Soltando riendas y a tientas, seguiría mañana.
Muchos días y noches borraron ese pasado que ahora forzaba su puerta.
No le daría cabida.
Su vida no era la misma.
La vida te da y te quita.
Los años anuncian muchas despedidas.
Los adioses son muchos.
No derramaría lágrimas por lo que quedará en esa esquina.
Compartía el olvido.
Pasada esa página, otras se articularían.
No habría mal querencia.
Ni desdén.
Simplemente, eso fue ayer.
El presente se tejería con nuevos hilos y alegrías.
No volvería a mirar en ese espejo en que se perdieron los sueños.
Ahora era otro tiempo.
No sentía.
Vivía un nuevo bucle en que dibujar su vida.
No había razón para repasar cuentas pasadas.
-¡Que te vaya bonito!
Así le diría si pudiera extender su mano en un adiós lejano.
No se ocuparía de ese pasado.
No tendría palabras acres para olvidarlo.
Sencillamente porque ya lo había olvidado.
La memoria había pasado el cedazo, dejando briznas de espuma disipadas, de aquel trazo.
Poniéndose a pensar sobre posibilidad, se alegra de que las cosas sean pasado y que nada de ellas requiebre su alma ni horade en su memoria.

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Depresión

 Depresión  A lo largo de mi vida he sufrido de esa lacra. Un estado del que me alejo cuando lo veo venir. Mi cuerpo se ha defendido como ha...