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13 dic 2010

¿Por qué escribo?



¿Por qué escribo?
Lo hago para ponerme ante mí. Para recoger ese reguero del alma que se destila en cada uno mis intentos.
Uso estos muros de lamentos porque quiero mirarme de nuevo en ellos.
Son espejos en los que veo mi reflejo.
Los ventilo a la mirada otra, con descaro y osadía.
Me escondo.
Me meto dentro de mi concha.
Me sumerjo entre voces que aúnan la ola batiente.
Pongo oído atento a esta pantalla que tengo ante mí

27 oct 2008

Había anochecido

Aquella tarde se prometía gris. Arrastró su bolso hasta aquella silla de mimbre, de una terraza, que permitía ver a quienes pasaban, sin llamar demasiado su atención.
Dado que era su rincón, nadie le había tomado la delantera.
El camarero, solícito, se acercó, sabiendo de antemano qué era lo que iba a tomar, pero formuló con parsimonia su pregunta, como si de un ritual milenario se tratara.
Volvió con ese café con leche, bien calentito, y olvidó, adrede, la sacarina que ella le reclamaría mirándole. Esa mirada era la que cada día esperaba. Sobre sus gafas enfocaba hacía él unos ojos oscuros de un color impreciso.
Se mantenía impertérrito, disimulando la turbación que le producía en todo momento.
Hubiera deseado dejar a un lado la bandeja abollada, de metal, y sentarse cogiéndola de las manos, derramando todas aquellas frases acalladas a lo largo de aquellos meses.
Miró el reloj del interior y pensó que eran las cuatro de la tarde. Siempre a la misma hora. Era una mujer de costumbres. Sola. Nunca acompañada, nunca una llamada, nunca…
Cuando ella marchara recorrería sus pasos hasta que se la tragara la escalera del metro que se encontraba a cuatro pasos de ese rincón, en el que él pasaba largas horas ante no miradas y exigencias inhumanas.
Solamente ella correspondía con esa mirada. Dulce para su alma.
Marga, al introducirse en la cueva oscura que le aproximaba a los andenes de luz blanquecina, recordaría cada gesto contendido.
-Un día de estos le miro de frente y le hablo- pensaba para sus adentros.
Volvería a casa con ese mariposeo en el alma.
Aunque el cielo estaba encapotado y seguramente caerían algunas gotas cuando intentara terminar su camino de regreso a sus cuatro paredes, ese encuentro hacía que los colores retornaran.
Depositó el bolso sobre una silla que tenía ante un escritorio cerrado y se dirigió a la cocina para prepararse un tente en pie. Mientras repetía sus movimientos habituales su rostro dibujó una sonrisa que apenas podía apreciarse.
Era un hombre rubio el que volvía a su recuerdo. Tantos días de encuentro y ni siquiera recordaba el color de sus ojos. Sus manos era lo que recordaba y eso le hizo estremecer.
Pensaba en lo que supondría dejarse tocar por esos dedos largos y finos.
El pulso se le aceleraba por momentos.
Hacía tiempo que él estaba con ella en sus fantasías.
Pensaba que podía ser que descubriera en su gesto ese deseo. Eso le avergonzaba. Nunca hubiera sido capaz de mirarle directamente a los ojos, por eso desconocía que color tenían.
-Mañana me fijaré- pensó, decidida. –Le entretendré con algún imprevisto. Él suele adelantarse a todo lo que deseo, pero mañana lo confundiré.- Así pensaba, mientras maquinaba la manera de hacerle entrar en el enredo.
Llevándose el dedo medio a la boca empezó a juguetear con su lengua. Olvidó el hambre que le había llevado a preparar en un plato unas rebanaditas de pan tostado y unos trocitos de queso, olvidó lo que la retenía en el quicio de la puerta, olvidó que lo que realmente estaba haciendo era recorrer los perfiles de su cuerpo con sus dedos, sintiendo que eran los de él. Así permaneció buen rato. Cuando volvió de ese viaje mágico advirtió que apenas se distinguían los cuerpos en su entorno, había anochecido.

8 oct 2007

Cosas que hago y haré

Nada de lo que puedo hacer es casual.
Durante el verano me reté y lo llevé a delante. Puse en marcha un relato de fantasía. Por una parte abordar la fantasía era un reto en sí mismo porque no solía narrar o hacer este tipo de relatos, la otra era la longitud del texto.
Marché de vacaciones con el relato en marcha y día a día escribí cada uno de sus pasos posteando en un blog que ahora está borrado. Escribí en un cuaderno y con emoción leí a mi madre aquello que se me iba imponiendo. Ella recibía el texto con la emoción de quien vivía en un cuento el lazo de la fantasía. Eso me motivó más todavía.
Cerré el texto y empecé con otro.
Otras actividades son más poéticas y relatos que se mueven en lo breve.
Acabo de recibir una carta que me ha dado la compensación mayor. Alguien que al leerme me dice que lo que hago le llega. Eso es más de lo esperado.
Cuando empecé, en el verano pasado, me enredé en la emoción de la novedad, pero ahora es un medio ineludible, inevitablemente, bien o mal, escribo.
No soy pretenciosa, pero me gusta exponerlo a la mirada de la otredad.

9 sept 2007

De nuevo lo cotidiano


De nuevo lo cotidiano se interpone en mi hacer.
He pasado el verano haciendo un relato que todavía mantengo.
Se me había metido en la cabeza la idea de escribir algo así.
Lo he llevado a cabo.
Eso me satisface.
A partir de este momento con el trabajo será difícil encontrar el momento, pero aún así haré el inetento de ponerme ante la hoja en blanco aunque sea para añadir una sola frase.
Escritora me hago a cada paso con el empuje de quererlo hacer.
Aquello de querer es poder me lo aplico.
Si no va más allá quedará en el hecho de haberlo puesto en marcha.
Me anima que se lea por parte de la gente.
Espero de él ganar en recursos para escribir aquello que quiero expresar.
Me pase la vida leyendo historias que otros derramaron, ahora me toca a mí y me engresca la idea y el acto del escribir.
He dado la vuelta del tiempo y no he dejado de hacerlo. Cada día si no arranco algún texto o verso es como si hubiera estado perdiendo el tiempo.

Ese texto se puede localizar en el blog que le dedico, myfairies.

Depresión

 Depresión  A lo largo de mi vida he sufrido de esa lacra. Un estado del que me alejo cuando lo veo venir. Mi cuerpo se ha defendido como ha...