25 feb. 2009

Es nuestro

Siempre hay un antes y un después,
pero eso no arregla nada.
El cuerpo toma las riendas,
cortando toda retirada.
Se enquista el alma y desangra,
demorando la calma
que ella misma reclama.

Se rompen los arcos
y se tira en quebrantos.

Mañana, no es plausible salirse del tacto áspero del descuento.

Rompes cadenas que se enredan en tus piernas.
Vas viendo que pierdes, aunque pongas remedios.

Estamos expuestos a todo,
pero lo vemos como si fuera otro cuento
del que componemos un argumento.

Es nuestro.

Nos implica hasta los huesos.

Rompe nuestras seguridades
y de ello nos dolemos tanto
que hasta nos rompemos.

El tiempo no pacta.
Nos rompe en mitades,
achicando los intentos.

Hubo otro tiempo,
o quizás lo creemos,
pero en él nos sabemos.

Tuvimos ese otro momento,
en que las cosas estaban estables.

Eso hemos hecho de ese pasado que queremos traer a este calvario del que no podemos evadir nuestro cuerpo.


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23 feb. 2009

Los pasos te conducen



Bienvenidos a mi espacio sideral





Cerró el libro con la sensación de estar flotando en ese universo narrativo.
Solía enfrascarse en las historias que leía con saciedad.
Aquel librito había permanecido en la estantería durante no se sabía cuanto tiempo.
Recordaba sus encuentros con ellos. Los libros fueron su pasión.
Nada más le había arrastrado en la vida.
Se recordaba a la sombra de un árbol, mientras su padre iba de un lado a otro en busca de esos barbos que acabarían en la sartén para la cena.
También escribía versos. Largos poemas de reivindicación, que un buen día acabarían alimentando el fuego de la caldera de la calefacción, en aquel tiempo en que tenían esa en la cocina de la casa.
A su lado tuvo una caja con jerséis gastados para arropar a Currito, su cordero.
Su tía le había llevado el segundo de un parto.
A decir de ella, la oveja sólo se ocuparía de uno, y a ese habría que alimentarlo con biberón.
Hizo un biberón con una botella pequeña de cerveza, de las de quinto, con una tetina que encontraría en la farmacia.
El día que decidieron que debía ser alimento, ella enfermó ante el plato.
Le entregaron su piel. Con ella vivió sus primeros años de libertad.
Una libertad que ahora sabe perdida.
El final te vuelve a la nada, pero ese retorno es crudo y áspero.
Leer la evade de ese sentimiento.
Ha viajado de la mano de esa heroína de cuento.
La que expuesta a la masacre de esas guerras tribales, escapa y ve como el hombre al que ama se desangra, salvando el pellejo tras el percance.
Las hordas humanas han dado cuenta de las vidas que a su paso se cruzaban, pero la heroína será quien narre el hecho, para ello es ella quien sale indemne en el cuerpo, que no en el alma.
Aquella novela empezaba en un jardín y un recuerdo de antiguos amantes desgastados por el tiempo.
Termina tras el fuego de la pasión y el remanso del recuerdo de ese amor.
Su vida no tiene mansas aguas.
De ella se aqueja.
De ella se espanta.
Volvería a andarla con el lastre que la acompaña.
No se elige. Los pasos te conducen.
No en vano, se depende de todos los anclajes.


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15 feb. 2009

No te engañas

¿Y ahora qué queda?

Queda seguir en el punto del alma que un día se quedo atrapado cual mariposa que aproximándose a la llama quedó allí extasiada.

Queda mirarse desde dentro y estimarse como el mejor de los regalos de la vida.

Queda estar en un camino propio del que nadie será tenido en cuenta hasta que el olvido sea definitivo.

Queda explicarse a lo largo de renglones escritos al desaire.

Queda dejar de hablarte para seguir la vida sin tu compañía.

Queda el retorno a la misma soledad.

Queda cultivar aquel jardín que por descuido ha dejado crecer hierbas en desorden anulando aquello que otro tiempo era propio.

Queda saberse en un recorrido por el propio trayecto vital.

Queda ser en una mirada propia.

No es fácil.

Ahora el camino es largo.

Sin retorno a ese estado de ambigüedad que ha durado largo tiempo en un si un no que no has sabido aclarar.

El raciocinio no ha sido capaz de dar forma a la escapada.

Ésta ha sido dada sin poderla controlar.

En este momento la quietud se impone.

Los sentidos están dormidos.

Los deseos no demandan.

Te dejas llevar.

La única referencia es tu propia huella que sobre el suelo deja rastro difuso.

Sales de ese cubículo maternal que un día, a la fuerza, tuviste que abandonar.

Nada te toca.

Nada cobra valor a tu alrededor.

Todo resbala sobre tu alma.

La entrada está cerrada.

Sabes que a partir de ahora el camino es más largo.

Si han sido meses llegar a este punto, ahora son años.

Será el viaje iniciático que te acercará a ese nivel del alma en que las cosas terrenas dejan de tener importancia.

Sabes que el tiempo en ti se para. Que un buen día el espejo te devolverá la mirada. Te verás desde el lado en que sabrás, de nuevo, que otro paso has dado.

Se antepondrá a ti un nuevo caminar.

Nunca más volverás a mirar.

Ya no va contigo.

No es algo que tú debas cuidar.

Está en manos de otros.

A ti te queda un futuro de largo recorrido en el que caer a nuevo abismos.

Ese es tu camino.

Ahora es el momento de lamer tus heridas y reponer las fuerzas perdidas.

Un mechón blanco se abre paso, marcando que el camino de la diosa está tomado.

Amaste al joven rompiendo todos los límites.

Le amaste hasta la locura.

Llegaste a ese límite que casi por descuido te dejó pendida en el aire.

Le amaste porque el alma reconoció aquello que tus sentidos negaban.

Amaste.

No amas.

Quedas herida.

Un helado rayo se clavó en tu alma.

El corazón no sangra.

El corazón bombea.

Vino un ángel a liberarte.

Sus preguntas abrieron esa salida.

No te engañas.

Cuesta decirse las cosas.

Las cosas se imponen.

Nada en ti entra a la fuerza.

Una vida que sigue su rumbo, como muchas otras.

Tu presencia en la vida no es otra que la de moverte en medio de sentimientos que arrastran hoyando en tu alma.

ESPERANZA

A mi esperanza le falta algo.

Un no sé qué.

Un no se sabe.

Quizá mañana tras la maraña detecte que me he olvidado y no sepa de qué.

Quizá anoche mientras dormía vino un ángel a recordarme que aún estoy viva.

Es muy posible que del olvido nunca me olvide.

Es muy posible que ni siquiera lo resucite.

Es muy posible que nunca tenga que ir a él.

Mi vida entera está contenida en un deseo atribuido a una quimera.

Yo no he tenido.

Yo no tendré.

Fue con el aire.

Se fue con él.

No me recuerdes.

No me pienses nunca.

Yo nunca fui.

Era un engaño que me lacera.

Lo he olvidado a base de una quimera.

Quiméricos sueños me lo trajeron, con ellos sea.

Que te olvidé.

Eso es mentira.

Te olvidaré.

¿De qué?

¿De quien?

Nada es serena voz de mi vida.

Todo es un sueño que recordando parece memoria de una ilusión tenida.

Confundo un algo que no ocurrió.

Difundo un viento que no soplo.

Lacero el alma con un dolor que no existió.

Discurro en versos lo que no se dio.


Al aire, de la mañana helada, le lanzo secas palabras, para que se congelen y petrifiquen tras las montañas, adhiriéndose a las rocas, para que las hierbas lo achiquen y mezclen con tierra que sirva de base a alguna planta que florezca y fructifique.

Yo estoy seca. De mi útero no hubo fruto ni lo habrá. De mi alma hubo deseo que muerto está.

Vagaré sin alma por este mundo baldío recreando versos vacíos.

Nunca oirás si no quieres.

Nunca verás si tampoco.

No vale la pena que por aquí te pasees.

Alegra tu vida en la luz que te ilumina.

Construye tus propias zalemas, que las mías ya no son tuyas, que yo ya no miro tu cara, ni tu sombra, ni tu memoria. Que he cerrado con llave y cadenas tirando todo resquicio y posibilidad.

Que aunque quiera me negaré toda posibilidad.


He venido a derramar el veneno que me daña.

He venido a salpicar con él mi mala saña.

He venido a lavar mi ofensa.

Ahora queda la tristeza, la tiesura de no más.

Ahora queda corrompida la memoria de verdad.

Este duelo ha sido largo, por tu engaño y falsedad.

Fue cobarde tu postura y por ello me tiraste al lodazal.

Sé que en nada me has ganado.

He dejado de adorarte, de quererte y desearte.

He dejado de mirarte y ahora queda olvidar que ese daño ha secado mi esperanza.

Queda decir palabras insanas que lavan y curan el alma.


La vida es así de ingrata.

El mayor de los engaños es el que una misma se da.

No me engañaste.

Me creí que lo que tenías era espejo de lo que por ti yo sentía.

No fuiste capaz de evitar que mi alma se enganchara.

No sabías ni sabrás.


Es la mano del inocente la que más daño te hace, pues para no decir que no, aparenta y es peor.

Nada queda

Es tibia la calma que se avecina.

Cae la venda de los ojos.

No te creas.

Cuesta mirar allí dónde lo estás viendo.

Ves que te enredan.

La mentira piadosa es la más dolorosa.

Te engañas con esas patrañas.

Dejas constancia.

Un día lees esas palabras y constatas que sabiéndolo seguías ciega.

Los ojos ven lo que el alma niega.

Ha costado leer y romperse.

Al fin pasas por esos versos sin más sentimiento.

Ya nada te hiere.

El olvido es manifiesto.

Nada es otra cosa, que mero recuerdo.

No hay daño ni dolor.

No hay ningún sentimiento.

Te has desprendido de lo que a esa vida le pase.

Miras afirmaciones pasadas y no las encajas.

Declinas en ellas palabras.

Delirios fueron que te hicieron ver ante ti falsos movimientos.

Caminaste en un malvivir.

Ahora renaces.

Un invierno que se avecina se compone de brotes nuevos que dentro de cubículo maduran.

El corazón en tus manos cuidado.

Eres quien se cuida de ti misma.

Soñaste sueños que creíste verdades.

Tú ya sabes.

No importa.

No duele.

Renaces.

Tras la infección de ese infecto sentimiento te reconoces sanada y fuerte.

Liberada.

No hay dolor. Si lo hubo todo ha ido al mismo saco del olvido.

Nada queda.

Recuerdas que hubo alguien.

Uno de muchos que con el tiempo no será ni olvido ni nadie.

Jugó contigo. Ni siquiera eso te afecta. Es indiferencia.

Llegas al final de este camino.

Para emprender otra senda se hace necesario limpiar el camino.

Hoy recibiste una sonrisa abierta.

Eso quiere decir mucho de ti misma.

Recibimos en acto reflejo lo que proyectamos sobre los otros.

Sorprendida no entendías a que venía tan buen recibimiento.

Ahora sabes que es tu gesto el que transmite serena mente y placidez.

Lo que tanto buscaste se ha posado en tu hombro dándote la luz que proyectas.

¿Será el aura que se manifiesta?

Antes debía ser una oscura sombra de dolor que crispaba el contacto que nadie sabía interpretar y tú menos aún.

No estás

He vuelto a pisar ese barro cuarteado del pasado en que nuestro recuerdo quedo impreso.

Mi frialdad aguanta el corrosivo recuerdo que en ese repaso se presenta.

No estás.

Facilita tu ausencia que pueda mirar.

Adiós te decía cuando no podía.

Las ilusiones al principio me llevaron más allá de las nubes. Flotaba en todo instante. Pensaba que estarías allí. Creí en ti.

Pienso en la distancia que no era así, que era una fantasía que cobro vida en mí. Un delirio que ha arrastrado mis lágrimas largas horas y que al fin he dejado en un saco, olvidado a la vuelta de la esquina.

¿De qué esquina?

No recuerdo el trayecto recorrido.

Te olvidé.

Recuerdo que eras tú.

Se tu nombre. El que tú me dijiste.

Ya no te recuerdo a ti.

Mi cuerpo no sigue esas trazas.

Mi piel ha olvidado por dónde pací.

Te has ido de forma imprevista.

Ya no estás aquí.

Que vengas o no, en nada me importa.

Te olvidé al fin.

Debería alegrarme, pero un gusto salobre me hiere las carnes.

El alma en letargo se ausenta de mí.

Sé que hubo un día que creí en ti.

Abrasaste mi alma.

Me hiciste vivir.

Tras tantos engaños, te olvidé al fin.

Fueron otros ecos que me hicieron girar.

Fueron fuegos fatuos que aunque baldíos me sacaron de este extravió.

Te he olvidado.

Lo que sentí.

Lo que viví.

Como un sueño falso.

Te dejé al fin.

Soy libre de sentir por otros lo que por ti sentí.

Esperaré dispuesta a verlos venir.

Si no es así gozaré la vida y la luz que hoy está en mí.

Ya no tengo quejas.

Te olvide al fin.

Quiero que lo sepas.

No te lo puedo decir.

Sabrás que he olvidado porque no verás en mis ojos lo que antaño te di.

Sabrás porque mis palabras no hablarán de ti.

Sabrás porque sentirás que el aire no lleva mi llanto.

Sabrás porque nunca más me acercaré a ti.

Adiós te decía cuando no podía.

Ahora desconozco cual es la vía que a ti conducía.

Falso cobijo

Nos hemos ido,

creyendo que a alguna parte.

Falso cobijo.

Te encontré de nuevo

No vine a festejar una fiesta,
te encontré de nuevo entre las sombras.
Borras mi silencio.
Abres para ti mi alcoba.

Lágrima

Una lágrima asiste a mi silenciosa renuncia.
Ella se desliza.
Mis mejillas recuerdan su paso acogiéndola con su cálido arrebato.
Fría deposita su último suspiro en la comisura de mis labios.
Es la última que derramo.

breve

El sol que brilla,

azota mi esperanza.

Roza la calma.

Ineludible

Acortando distancias, éstas se distancian.

Rompimos un sueño

Asisto impasible o creo que aguanto el envite.

Rompimos un sueño.

Sólo pensarlo y formularlo me ha desgajado.

Ha bastado un gesto y una mirada para que la roca se hiciera polvo.

¿Has venido con ganas?

¿Será que contigo no habrá calma?

Me he quedado sin decirte infinidad de palabras.

Las de largos días y noches.

Ha bastado un guiño para sentir que por ti vuelvo a latir.

No has sabido que era así.

He ocultado con la indiferencia que todavía atraviesas mi alma.

No sabes.

No sé.

Largos días de silencio.

Yo creí.

Ilusa de mí.

Me mentí.

Me contengo el impulso inquieto de ir hacía ti.

¿Es posible que, a puro de contenciones, sea capaz de impedir el desatino, de ir de nuevo por ti?

Incierto.

Desconozco o ya sé.

Bastaría un solo gesto.

Arrinconaría mis reservas y entraría de nuevo.

No debo.

Perdería lo ganado y estaría expuesta.

No podría desandar lo andado.

Se quedó en el pasado.

Olvidé a duras penas.

Me atendré a mi condena.

Ahora sé.

No me coge en descuido.

Si dijera que me ama, que todo ese alejamiento fue por otra razón.

¡Ay, se me parte el corazón!

Me pierdo.

Autoestima

baja
muy baja
oculta
ni tan siquiera sabe de ella
se peina ante un espejo que no mira
se siente perdida
en la misma rutina
si hubiera sabido que era eso lo que le deparaba la vida
hubiera huido hace muchos e infinitos instantes de su vida

sobrevivirse no vale la pena
aún así
consciente y sapiente
remonta la carne al alma y la obliga a quedarse hasta el último instante
el del que el cuerpo aguante o lo aguanten

Soga

Si lanzara esa soga, caería tras ella.

Renueva

He rasgado las vestiduras del alma quedando desnuda y fría en tu cama de estrellas bajo la Luna.
He hollado el vacío profundo en tu lecho de espuma.
He caído bajo el encantamiento del deseo inoportuno atraída por un fuego fatuo que creía cálido y vivo.
He mirado las piedras del camino una a una a cada paso que daba esperando controlar la caída inoportuna.
He sido lo que has creído que era y me he convertido en un velo tan transparente que me añoro de mi propio existir y de mi frente.
He recorrido cada trazo de vuelo depistado en un ocaso oportunamente ocultado para hacerme creer que existo en una existencia mentirosa.
He pensado de mí misma y con ello he construido cada una de las volutas de humo vaporoso que se elevan a lo más alto con mis plegarias de indispuesta compostura.
He estado tantas veces en el fondo de este pozo oscuro que ahora me asusta sólo verme asomada en él porque me precipito.
De pretérito estoy hablando, un tiempo que en presente se me antoja predispuesto.
Mañana acaso seré en el mismo complejo momento y diré que qué fue que me precipitó a tal sin recordar apenas que ando vagando en ese Laberinto y que por arte de desmemoria siempre encuentro el recodo de la misma queja inoportuna.
Construyo la fantasía de haber tenido y haber vivido y ocurre que al final las mejores historias se escriben en ella, en mi vida.

En los pliegues de mi alma ando indagando.

Eutanasia

cuando no quedan arrestos del alma
cuando el amante no está dispuesto
cuando el aire no basta
cuando se llora en seco páramo
cuando las obligaciones son las que mandan
cuando la vida no sirve de nada
cuando la autoestima se ausenta
cuando no crees ya en nada
cuando no vale la pena intentarlo
cuando las miradas resbalan
cuando se dice: ¡basta!

Date una oportunidad

Date una oportunidad, abre los ojos y mira a lo lejos. En la distancia encontrarás que nada nubla tu mente, que el silencio del aire susurra en tu frente.
Duerme el mundo en tus manos. Despierta con ellas aleteando.
Surcando los aires, atravesado para alcanzar en un gesto las notas del arpa que suena de lejos.
Hubo otro día, tuviste ese momento. Recuerda lo que en otro tiempo fue promesa y sueño.
De nada te lamentes. Por la pérdida añorada se olvida que tuviste un signo sólo tuyo.
Sombras se antepusieron.
Vuelves la mirada al pasado y concluyes que en él se han quedado ganas que has olvidado.
¿Será posible?
¿Podrás hallarlo?

Será mañana

Allí estarás
a la espera de tu ser.

Entretanto
tu tiempo se queda en nada.

La amplitud de una vida
se pliega en el instante, ese tan temido, el de cierre.

La lóbrega sombra me ha tomado.

¿Perdí algo?

Sé que me perdí.

Cerré a cal y canto mi alma.
Pensé que me evadía.
Eso creí.

Ilusa.

La congoja se antepone.
Clava el dardo en profundo.
Hiere y sangra.

No hubo tal.
Ya no hay fuerzas para luchar.

Aún así, estarás.
Seguirás enredado en sus pliegues.
Asomando.

Te he negado.
Me he negado.
Con ello nada he logrado.

La lóbrega sombra me ha tomado.

Escucha

Has visto salir.
Has sentido reír.
Has salido en busca de esos seres mágicos que se entretienen en las esquinas de tu alma.

Escucha el susurro que de ella salta a tu encuentro.

Mira y espera.
Estate atenta y serena.
Verás que la espera tiene compensación.

Debo seguir

Me sientes ausente.
Ya no estoy disponible.
Me he ido a dar la vuelta al mundo.
He cerrado la casa y he tirado la llave.
Vendrás mañana y no sabré que así ha sido.
Nos dijimos adiós sin decirlo.
Ahora caigo en cuenta.
Te has ido o me he ido.
Nunca sabremos cómo ha sido.
No respondí a tus letras o desoíste las mías.
Nos dejamos el gesto en el camino de vuelta.
Tú venías y yo me iba.
O fue distinto.
Era yo que venía cuando tú ya te habías ido.
No aclararemos nada.
Me paro a pensar que hubo un día en el que podíamos estar.
¿Lo hubo o fue un sueño?
¿Has sido?
¿He sido?
¿Dónde quedamos?
¿Acaso fuimos?
Y si lo he soñado y en ese momento no estabas ni estuve.
Y si sólo es quimera de mi mente.
Y si tú piensas lo mismo.
¿Qué hicimos?
¿Qué fue lo que perdimos?
Tengo la boca seca y la sangre quieta.
No puedo volver allí.
Debo seguir.
Perpetrar el paso posible que me haga seguir.
Se van yendo.
Un día me tocará a mí.
Entonces, si alguien lleva el mensaje, recordarás que un día fui para ti.
Quizás entonces sepamos, tú aquí y yo allí.
Entretanto, tenderé puentes al aire para que algún día a tu paso uno te ponga en la ruta que perdí.

¡Tente!

De nada te sirves.
A nada sostienes.
Cuando nada tienes.

Remedas tus pasos.
Sientes los latidos.
Alargas tus brazos.

Se han ido.
No han venido.
¿Cómo ha sido?

Pensaste, acaso, que sería distinto.

No tuviste lazos en los que apoyarte.

Fueron otros pasos los que atentaste.

¡Tente!
¡No pases!
¡Detente expectante!

Verás que nada es nadie.

A penas sabrás recordarte.

¿Por qué lo miraste?

Ausencias

Es posible que te ausentaras y yo no me apercibiera porque las cosas me tenían entretenida e impedían que me diera cuenta de que te ibas.
Es posible que ya no tuviéramos nada más en común.
Es posible que hubiéramos gastado las ganas de sabernos.
También puede ser que te fueras olvidando mi calor.
Que miraras a otro lado obviando mi presencia imperecedera.
En esas estamos amigo, en esas.
Te has ido por el camino que una estela luminosa puso ante ti.
Veo el rastro sobre el aire.
Te podría seguir, pero para eso tendría que sentir.
Tendría que saberme en ti.
No es así.
Te has ido y en un recuerdo difuso sabré que un día fui para ti.
Se me vale que no creo en lisonjas ni promesas, que no espero más allá del momento en que se concitan los encuentros.
No me resiento.
Pienso.
Rememoro.
Recupero otros momentos que la memoria atesora.
Sin acritud.
Otras almas han posado sobre la mía y la han llenado de alegrías.
Si me hubiera quedado engarzada en ti, así no sería.
Habría enmudecido.
Me habría marchitado.
No sería otra cosa que una sombra imperceptible de lo que fui.
Desprenderse es bueno.
Es el paso para el viaje de esta aventura, que es la vida.
Medio siglo me mira.
Mañana está en mi expectativa.

Espejos del mundo

Escucho el nombre de las verdades ocultas,
sin parpadeos ni guiños extraños.

Veo amaneceres opuestos a un horizonte lejano.

La tarde languidece tiñendo su plano.

Los irisados magenta aplacan mi alma.

No pierdo en bagatelas momentos ni reservas.

Seré tu compañía.

Me miras, pienso que así lo haces, desde ese ángulo oscuro del que te despistas y arrancas los acordes de mi lira.
Escuchas, pienso que estás atenta a las palabras que se engarzan ensortijadas, creando bucles en el aire.
Cierras lo ojos y atiendes el silbo del aire.
El de mis palabras.
Las que te hablan.
Mañana estarás expectante, sin poder alcanzarlas.
Recordarás que vinieron a ti.
Remedarás con tu memoria el tiempo en que en descuido dejaste de lado la copla de mi verso atento a tu boca.
Estaré a tu lado, amada mía.
Envolveré con una de mis sonrisas la triste perspectiva evocando el vuelo de nuestras risas.
Estarás a mi lado.
Seré tu compañía.

Un día sabrás quien soy

Lo que cuenta, son las personas.
De mis actos verás rastros de defectos y virtudes.
No esperes que no me equivoque.
Errar es lo humano de mi parte.
Amar es humanizarme.
Seguir el pulso emocional.
Esa línea de fuga que apuntaba a las emociones.
Un cuerpo, una mente.
Un corazón que sufre y grita.
Sangre que golpea las sienes hasta decir basta.
El alma que puja por presentarse ante la humana presencia de las otras almas.
Amar no es un viaje en sedas y sábanas blancas.
Amar es exponerse a la otra mirada.
Amar es dejar que el cristal empañado del espejo vislumbre el reflejo, dejándose al descubierto.
Ese verbo declinado en las clases de latín de aquellos años primeros es guía y tortura en el camino que atraviesa una vida, la mía.

Herida y yaga

Me fracturo.
Arrastras un esqueleto y siento el desgarro de tus huesos.
Un nudo ha bajado a enquistarse en ese hueco en que la energía se expande por nuestro cuerpo.
Palabras vanas.
Ciegos lamentos.
No he podido resistirlo.
Me desgarro por dentro.
Y mi queja por este cuerpo que manifiesta el fuego de hormonas en desquite de mi tiempo.
El hambre asola medio mundo.
El alma universal reclama.
Sufro el quiebro del alma.
Contengo el impulso tecleando estas palabras.
Herida y yaga.
Muerte anticipada.
Yaciente sobre la cama.
Mañana que no alcanza.

Juego...

¡Vaya, te gusta jugar!
Has querido enredarme con tus tretas.
Me has llevado allí sin otorgarme una pausa.

Ese cosquilleo arrastra.
La indiferencia no tendrá lugar.
Será así como captarás mi atención.

Es posible que no sea a mí, a quien quieras tentar.

Es posible, pero soy yo quien se deja llevar.

Dame, pues, la oportunidad.

Oda

Oda a la que se suicida por no aguantarse la vida.

Fue una vida sin alas,
fue una vida sin viento,
fue una vida sin aire,
sin aire ni sentimiento.

Ella lamenta su cruz,
asomada ante el abismo,
recorriendo con los dedos,
los presagios del destino.

Mira hacía el vacío certero,
temerosa de su mal,
objetándose ese paso
que está a punto de dar.

Caerá por precipicio,
dando tumbos entre las rocas,
hollando en su silencio
la vida de quien quedará.

Llegará sobre el polvoriento suelo,
dejando una estela de polvo
enmudeciendo el silencio.

Unos brazos se interponen,
recogiéndola en su lecho.
Ser alado antepone ante ella todo el cuerpo.

Recobra las alas y las bate con impulso alzando el vuelo.
A lo lejos se divisan
dos cuerpos en movimiento.

En las calles crujen cristales rotos del viento.
Lloran plañideras voces.
Lamentos, sólo lamentos.

Ella se fue lejos.
Los ojos no osan mirarse.
Las quejas para los adentros.

Las almas reconocen
lo que negamos por dentro.
Ella estuvo un tiempo.

Cerrad con llave y candados,
volved la espalda al silencio.
Pactareis con su recuerdo.
Se fue y su puerta quedó abierta.

No perdió la vida en ello.
Ganó el retorno a su ser.
No lamentéis que no esté.

Buscad, si os es posible,
las razones que os sostienen sin su ser.

¿No tuvisteis ojos para verla?

¿No oísteis quejidos tras de su puerta?

¿De qué os lamentáis?

Despojos

Caes bajo el abrigo del pecho hueco del falso amigo.
Hiendes tu brazo en él esperando encontrar el calor que no fue.
Extremas tus cuidados en una falsa amistad creyendo que es.

Es posible que esa creencia anime tu paso dándole vuelo y brío.
Es posible que consientas en ello para propio beneficio.
Es posible, o quizás has caído en la treta de creerte en él.

En este mercadeo de sonrisas tiras de la brida suelta al punto.
Estás arrinconando silencios en otro tiempo omitidos.
Deberías atenderlos y sentirlos para darles pie.

¿Por qué has venido a caer en este juego distante de máscaras?
¿Qué te ha traído a él?
Acaso pensaste ser visible ante las cuencas vacías que sólo miran a dentro.

Pensabas que había un hueco para ocupar tu lugar en él.
Creías, confiada que serías alguien con un nombre en piedra.
Sí, en la piedra de los sin nombre que rueda por las canteras.

Piedra rodada y desgastada, esmerilada e inmolada, triturada.
Esa es la raíz de tu ser.

Mirarás la gente creyendo que tienen un nombre diferenciado.
Movimientos lentos de un cuerpo añado, buscando aposentarse.
Tras ese gesto dolido, altiva la frente ni te mira. La vejez.

Has abierto los ojos de la mente
y has escuchado lo que corre por dentro,
en esa riada que no para saliendo ante ti precipitada.

El tiempo ha parado su pausa mirándote quejumbroso,
reclamando tu participación en ese movimiento
y deteniéndose ante ti.

La esperanza

Ella duerme en saco vacío.
Estrecha la mano del vencido.
Alía uno a uno los amigos.

Compone notas de gloria pretéritas.
Reparte sueños y alegrías.

No duerme en la cama de la abundancia.
No sabe de las almas regaladas.

Busca por los oscuros rincones del alma.

Su color es el verde:
de los prados mojados,
de las copas de los árboles en abril,
de las aguas de los lagos;
dónde las ninfas esperan su llegada.

A ella se engarza el deseo de un día venidero.
En el que no duelan los recuerdos,
ni la tristeza se haga hueco.

Perplejidad

Ella
palpa
el húmedo y frío cristal
que recoge el empuje reciente de la fría noche.

Consciencia del instante fugaz.

Ensimismamiento.

Perplejidad.

Como siempre

De qué te sirven las alas, si te arrastras.
Ángel caído, en arenas movedizas, por hacer frente a la mentira.

Palabra herida.

Buscas salida.

Mirada oclusiva.

Ensalzas al cielo para que las puertas abra y zanje para siempre con el olvido la ofensa del caído.

No hay perdón para el vencido.

Si hubieras sido cauto, habrías callado.
Hubieras mirado para otro lado.
Como el común de los mortales.

No soportaste el silencio.
Se hizo hueco en tu pecho, abriéndolo hacía el abismo.

¡Silencio!

¡No calles!

Ya hablaste.

Ahora, renqueando, busca una mano compasiva que de ti se apiade.

No deberías.
Será el desprecio lo que te alcance.

Si pudieras doblar el tiempo, harías lo mismo.

Es inevitable.

Tú eres la víctima propiciada.
Sobre ti cuelga el fardo del desdicho.
Cargas sobre tu espalda las plagas y las muertes del paciente que alza sus plegarias.

Tu sacrificio fue vano.

Como siempre.

De héroes están las tumbas llenas.
Y de supervivientes, barrigas saciadas.

Entre tanto, andamos ungidos por mentiras.

Aceptamos.

¡Nunca fui!

Has tirado de mí cruelmente, sin darme respiro.
Has herido con tu daga mi destino plácido.
Has roto a pedazos la quietud de mi alma.

Te has tomado el tiempo necesario para darme caza.

Soy la cierva enmarañada en la zarza.

Has venido cauteloso a mi zaga.

En silencio engañoso.

He visto tus tretas y he sabido que en ellas caería.

Así ha sido.

Triunfante harás alardes de tus triunfos.

Temerosa esconderé las ganas.

Sabrás que, aún queriendo, la negación será el tanto.

Simplemente verás que eludo la mirada y bajo la frente.

Estaré pendiente de tus pasos.
Buscaré tu rastro.
Seguiré cada uno de los arcos de tu sombra almidonada.

Y quizás mañana olvidaré el impulso que me tiene ahogada.
Ella vendrá a llamarme al reclamo del momento que da su fin.
Ella mirará de soslayo sabiendo que me he negado.
Ella recriminará con un gesto y yo encogiendo los hombros la seguiré.

Dirán quienes no saben, que fui cauta.
Dirán arrogándose un saber que desconocen.
Atribuirán lo que no es.
Se darán golpes en el pecho.
Creerán saber.

Ignorantes seguirán creyendo que viví una vida buena.
Cantaran mis preces y leerán salmos de alabanza.

Así, hasta que un buen día abran mis secretos, si dan con ellos.
Entonces me tirarán al barro y dirán que ya se veía venir.
Juzgaran con saña.
Encenderán la hoguera y en ella quemaran los ecos de mis letras.

¡Nunca fui!
Eso será así.

Hace de ello tanto tiempo

Una letra para un verso,
una palabra para un te quiero,
un espacio en el Universo.

Así las cosas se imponen,
así la vida se antepone.

Reglas.
Redes.
Pausas y tiempo.

Enganches a destiempo.

Meridianos de memoria.

Composturas.
Querencias.
Maledicencias.

Las palabras se quedan dentro.

Un bumerán que vuelve.
Nunca habrá recuerdo en silencio.

Allí estaremos y vendremos a vernos.
¿Para qué?
Para sabernos.

Han pasado las horas,
en el eco de un silencio.

Han venido arrasando sobre el techo de estrellas que cobijan mi descuento.

Vendrás nuevamente, sin que yo atienda tu encuentro.

Cerré a cal y canto el dolor de tu desmerecimiento.
Me perdí y he recuperado los restos.
En ellos no tienes ni hueco.

Te fuiste.

Quedaste en el aire del pretérito momento.

Ni te nombro en mis intentos.

He borrado los rastros,
olvidando tu recuerdo.

Se fractura mi propio tiempo.

Así era necesario.
¿Para qué?
Para no romper la cuerda que de floja hundía mi pecho en quejidos huecos.

Hace de ello tanto tiempo.

No se olvida

Esta fecha siempre estará marcada por tu ausencia.
Los vacíos del alma son los más sonoros.
Son espacios ineludibles.
No he podido vivirla como si nada pasara.
Los días previos he sufrido la angustia de saberlos.
Hoy miro que ha pasado de largo, dejando su huella indeleble.
¿Hasta cuando?
¿Es posible que mi viaje tenga siempre este retorno en el bucle del tiempo?
¿Será que sin saber de ti, te siento?
No se olvida.
Se desdice hasta que no duele por dentro, hasta que las lágrimas no hieren.
Entonces encuentras que la muerte habla a cada paso.
Ella está presente en cada uno de tus actos.
Sientes que estás de paso y que ya nada te espera, aunque dures muchos años.
Dejaste en él las ansias de ser.
Ahora queda continuar trazando arpegios en el aire.
Queda recordarte, saneando la herida que has dejado.
Este largo invierno ha costado atravesarlo.
La luz anuncia una primavera en un estado del alma indeseado.
De nada sirven engaños.
Has estado y has dejado tu marca.
Te he amado.
Eso nada lo cambia.

1 feb. 2009

Traspasa

Nos golpean, sin a penas darnos cuenta, al descuido, depositado en manos que debieran haberse dejado de lado.
Esa ola que atrapa y atraviesa el alma.
Ese dolor contenido en esas tristes palabras.

No hubiera sido así.
Sería distinto, pero no.

Corroe y carcome.

Hiere.

Te hicieron daño y ahora recojo el cedazo de tu dolor, enhebrando cuentas en hilos enredados.

He sentido, atravesándome lágrimas de silencio y miedo.

Es posible que a la vuelta de la esquina, esa sea yo.

¿Tan dura es la vida?
¿Tan difícil seguir en ella?

Así es.

A penas intuyo y siento, aunque arranco de mi pecho los despojos de un sudario manifiesto.

Me tomo la libertad de contestar a unos versos que acabo de encontrar bajo mi techo de estrellas.

Posiblemente esperara otras y ese efecto ha sido un golpe contundente.

Quizás es el remate de estos dos días en que he andado trampeando.

En lo que leemos, se da que nada implica y se simplifica, y también que nos arranca de cuajo la piel.
Ese es el caso.
He quedado sin respiro.
El hueco que ha producido, crea un cerco por el que atraviesa esa espada.

Goteo que ha destilado, el transcurrir de mis pasos.

Se devana enroscado el silencio perpetrado.

Traspasa.

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