6 dic. 2009

No queda espera ni esperanza

Profanaste la tumba de mis sueños.
Ser alado ensangrentado en las entrañas.
Heriste con tu daga de amor y de deseo.

Sembraste mi alma.
Ahora duerme en silencio la esperanza.

¿Mañana?
¡Ya no hay mañana!
Te llevaste el arco y flechas que lo marcan.

Vuelves a mí,
en ese carro de fuego incombustible,
para preñar mi mente con palabras vanas.

No queda espera ni esperanza.

El alma sube a tu carro y el cuerpo arrastra.

Él lleva el pago y desamparo.

Vuelve en gesto brusco su mirada.
Niega haber estado.
Recorre por nubes de silencio esos pasos.

¡Descansa!

Has abierto tras el espejo de los sueños el vacío en que anda.


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22 nov. 2009

Nada es tangible

Hay días en que el silencio se adueña de las palabras.
Ella sale de casa siguiendo el guión que su vida marca.
Se cruza con multitudes.
Cada día rostros distintos, aunque sean los mismos.
Recapacita en ello.
No reconoce más allá de lo propio y próximo.
A veces, fuera de contexto, alguien le sonríe y saluda.
Por discreción, y para no parecer orgullosa, responde al saludo, con un ademán y sonido fugaz.
Al día siguiente, o a los pocos días, en el propio contexto de relación recuerda cual era la razón de esa familiaridad.
Es posible que sea una dependienta acostumbrada a intercambiar palabras pasajeras.
Un camarero amable que despide a cada cual con un deseo de que se tenga un buen día.
Una persona que coincide en el mismo trayecto y que con ella ha compartido otros momentos.
La rutina arrastra la oleada de gente de un lado a otro de la ciudad.
Por las calles.
En paradas de autobús.
Entra por la boca de metro, rechazada por una corriente de aire, para adquirir la tarjeta para diez viajes.
La gente sale o entra.
Ella no tiene la misma actividad.
Le es cómodo contar con ese sitio para adquirirla.
No siempre.
A veces, si tiene tiempo sobrante, se dirige a una librería que por tener periódicos abre temprano, y en ella adquiere el documento que le permitirá ir y venir durante la semana.
El otro día se quedó con el gesto congelado.
Una vecina que dialogaba su monólogo maternal con su perro paso ante ella sin siquiera cambiar el paso.
Pensó que algo fallaba.
Tiempo atrás hubiera respondido a su gesto.
A veces las intenciones no bastan.
La invisibilidad nos amedrenta.
No todos los días son iguales.
Los hay que pasamos desapercibidos hasta para los cristales que reflejan lo que ante ellos se mueve.
Eso vio en una toma fotográfica especial.
Enredando con la cámara encontró una posibilidad de tres disparos consecutivos.
Sucedió que la imagen de un transeúnte que pasaba ante ella, en la parada del autobús, poco antes de salir de allí, quedó registrado como si de una imagen fantasmagórica se tratara.
Eso la llevó a cavilar sobre la posible estrategia de esos documentos que hacen pensar en imágenes de fantasmas.
El momento es el instante fugaz.
Nada es tangible.
Recordarlo le da textura en un espacio virtual.
Suena la radio y los ruidos asimilados que entornan el espacio en que ella teclea sus silencios.

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18 nov. 2009

¡Estoy aquí!

Vengo a ti tras un largo viaje.
Ausencias son las que me dejan en este estado del ser.

¿Ayer?
Lejano fue.

No se mide con las horas que ni siquiera son veinticuatro.
Me siento del otro lado.

He recorrido un trecho tortuoso y silencioso.
Regreso nuevamente a ocupar el hueco material que me fue asignado.

Las cosas siguieron con mi participación ausente.
¡Estoy aquí!

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17 nov. 2009

¡Que te vaya bonito!

La asaltaron aquellas palabras.
No las esperaba.
Aunque no fueran consignadas por nadie, ella sabía de donde procedían.
El rencor las esgrimía.
No había sido artífice.
Más bien víctima.
Sin embargo eran claras y precisas señalándole con el dedo acusador.
Renglón seguido, las borro.
Eso ayudaría a que pasaran de largo.
A pesar de tener claro que no había razón para enojarse, se enquistaron azuzando la conciencia y tejiendo enredaderas de trampas y quimeras.
Una palabra es como la bola de nieve que se crece ladera a bajo.
Al cabo del día la dimensión del requiebro era tal que la congoja anudaba su garganta.
Lágrimas secas se perpetraban.
Hubiera llorado el silencio olvidado.
Otras razones quebraban su paso.
Soltando riendas y a tientas, seguiría mañana.
Muchos días y noches borraron ese pasado que ahora forzaba su puerta.
No le daría cabida.
Su vida no era la misma.
La vida te da y te quita.
Los años anuncian muchas despedidas.
Los adioses son muchos.
No derramaría lágrimas por lo que quedará en esa esquina.
Compartía el olvido.
Pasada esa página, otras se articularían.
No habría mal querencia.
Ni desdén.
Simplemente, eso fue ayer.
El presente se tejería con nuevos hilos y alegrías.
No volvería a mirar en ese espejo en que se perdieron los sueños.
Ahora era otro tiempo.
No sentía.
Vivía un nuevo bucle en que dibujar su vida.
No había razón para repasar cuentas pasadas.
-¡Que te vaya bonito!
Así le diría si pudiera extender su mano en un adiós lejano.
No se ocuparía de ese pasado.
No tendría palabras acres para olvidarlo.
Sencillamente porque ya lo había olvidado.
La memoria había pasado el cedazo, dejando briznas de espuma disipadas, de aquel trazo.
Poniéndose a pensar sobre posibilidad, se alegra de que las cosas sean pasado y que nada de ellas requiebre su alma ni horade en su memoria.

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Hubiera alcanzado un sueño

Hubiera alcanzado un sueño en la desidia e impotencia del tiempo.
No fue dado.
Así lo alcanzo.
Sin premura me acostumbro a su cuidado.
Es de él el camino alado.
Cabalgo sobre nubes de esperanza.
Descanso en el remanso de su espalda.
Retomo las ganas de dejarme transportar por el aire del deseo engrandecido.
Eres nube a mis pies.
Eres aire a mi esperanza.
Aquí me tienes confiada.
¡Dame el abrazo que mi alma te reclama!
No me andaré con rodeos.
Te reclamo.
Arrastro tras de di ti la sombra alargada que se enrosca de tu cuello.
Eres ángel en lujurioso deseo.
El verbo ensalivado y ondulado.
Amante deseado y olvidado.
Pasajero del tiempo que tuvo parada en mi mismo puerto.
Ahora es tiempo de esperanza.
La que alcanza.
La que arranca los quejidos y remansa los latidos.
Hubo fuego.
Son rescoldos.
Ascuas que no abrasan ni solazan.
Hubo tantos para este recuerdo que aunque tengas un espectro construido en ese hueco, tu vacío no será dimensionado.
Un corazón se abre paso.
Apareces con silencio en reclamo.
Aunque no haya olvidado se ha perdido el sentido de ese otro tiempo en que tuvimos encuentros.
Alas tomaban vuelo enredando nuestros cuerpos.
Líquido elemento alimentaba el fuego.
Quemábamos en abrazos un deseo insaturado.
Abríamos el pecho esperanzado cobijándonos en uno.
Fuimos hembra y fuimos macho.
Fuimos carne y piedra.
Arena y aire.
Fuimos amantes.
Un relicario para anidarlo en colgante.
Engalanaste mis prendas sin defectos.
Eso fue mientras me amaste como un sueño.
Yo también tuve parte.
Un buen día mire al suelo.
Olvidaste que era ese latido inflamado.
Desoímos las esperas e inquietudes de ese tiempo.
Conseguimos adherirnos a las formas.
Ahora queda dejarse aire y espacio para que nuestras alas tomen otro vuelo.
Sin cuidado.
Ojos que no ven, corazón que no siente.
Si no sabes y yo ignoro.
Seguirás indiferente.
Me moveré a mi ritmo, sin condicionantes.
Te has ido.
Eso es definitivo.
Siento que soy libre.
¡Existo!
Ahora no me es necesario verme en el reflejo de tu abrazo.
Estoy abierta a otros brazos.
Los tuyos se estrecharon y ahogaron mis ansias.
No éramos lo esperado.
Fuiste y fui ave de paso.
No es fracaso.
Ese es nuestro caso.

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He olvidado

He olvidado.
No recuerdo haber estado.
No las mieles ni las hieles.
Todo aquello no cuenta.
Es algo que queda en espejo empañado.
El de lo que nunca se sabe si hubiera sido posible.
Es posible que fuera engaño de los sentidos.
Apenas queda rastro en la memoria del cuerpo y el alma.
Ha quedado un montículo de cenizas enlodado.
Hay palabras lanzadas, como piedra sin rumbo, para hacer daño.
Tirar la piedra y esconder la mano.
El rencor es el arma de ese trazo.
La memoria construye velos para suavizar lo duro del recuerdo deshojado.
Tenía un dulce recuerdo que ahora se ha empañado.
Oídos sordos no caben.
Palabras me han liberado.
¿A qué puerta debo orientarme?
No tengo remite de ese dardo.
Estoy cansada de las cosas que cada día tengo que afrontar.
La cuesta se me hace empinada y pesada.
El pasado queda atrás.
Lo que viene es dar pasos apoyada en el quicio de mi espalda.
Miro y no veo nada.
Dejemos en paz las sombras que nunca cobraron forma.
Cada cual afronta su destino como puede y le dejan las circunstancias que padece.
No es mi mejor momento.
He caído en desgracia.
La que marca el declive que toca seguir.
La misma que me precede y antecede, si es caso sobrevivir.
Hay vidas tajadas a tiempo.
Las hay que glorifican silencios.
La mía sigue sendas quebradas y torturadas.
En ella y no en otra me siento.
¿Quién eres que mi paz rompes?
De vez en cuando dejar simiente cizañera para dolerme.
Olvida como he hecho yo.
Deja que pase página y duerme.
A palabras huecas oídos oxidados.
Soltar lastre en este tapiz me libera y deja seguir.
No sé qué fue que me hizo escribir inflamados versos de amor.
Ahora está ausente de mí el flujo que me hacía seguir.
Es posible que hiciera daño, pero no intencionado.
¿A quién?
Ni idea.
Jugué un juego peligroso y me quemé en él.
Mi ahora no es consecuencia de él.
Lo que sufro y lo que siento es algo que forma parte de la cadena del ser.
La muerte llama a las puertas.
Eso es para mí patente.
Se ha enquistado la consciencia de su presencia.
Las razones no son otras.
Sigo asiendo la cuerda que me saca del pozo para tomar aire y seguir en este trance.

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14 nov. 2009

Mañana

Dame alas nuevas para este vuelo.
El que me lleva al ocaso.
Las de antaño quedaron quebradas en un baúl olvidado.

Serán razones de humanos que ahora recojo.

He cabalgado a lomos de la sensación de perpetuidad.
Eso ocurrió en otro estar.
Ahora miro el cadalso y temo su soledad.

Me ha tocado.

Es mi momento vital.
Miro la ristra del tiempo que de mis manos se va.
Quiero abrir la ventana a esa puesta de sol cálida.

Las estrellas impasibles, de un tiempo que ya no vendrá, miran mis inquietudes sin poderme avisar.

Ellas estaban entonces.
Ahora reflejan su luz ante mí.
El tiempo que mido yo no es el que ellas me traen.

Una puesta de vida larga o corta.

¡Quien lo sabe!
Memoria borra lo que ayer marcaban mis pasos.
Olvido lava las penas.

A base de horas y días, acomodo ansiedades y miedos.
La esperanza se posa en una esquina.
Perpetrando la ilusión de la vida.

Mañana.

Siempre expectante a esa vuelta de tuerca.
Consumo el tiempo de mi copa vacía.
Cuando la miro de lejos veo el preciado elemento que en ese momento tenía.

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10 nov. 2009

Ese día será liberada

¿Duele el alma?
¡Duele!

Con ella caemos en un mundo que nos daña.
Reparamos heridas mal cerradas.
Seguimos pisando el barro de esta tierra extraña.

Ella se duele y reclama.

Es posible que de vez en cuando regrese a su morada.

¿Es posible?

En ese caso, las ausencias y pérdidas de memoria no son otra cosa que el paso que ella ha dado regresando al jardín del que fue sacada.

El cuerpo flaquea y pierde asideros en los que ella está atrapada.

En ese momento, escapa en el sueño.

El cuerpo reclama.
La llama.
Ella evasiva, no encuentra las ganas.

Habrá un día en que el cuerpo no pueda con ella.
Ese día será liberada.

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9 nov. 2009

Nunca se sabe

Diríase que la fuente se seca.
Así es como apunta el gesto en este momento.
Cansina y sin ganas a penas de soltar prenda.
Recorre la senda para no descuidar que en ella está su alma dispuesta.
Es posible que aquello que amenizaba los ratos perdidos, ahora pierda sentido.
O quizá es temporal, y mañana renacerá con gana dispuesta a engarzar esas letras que la animaban.
Hubo un momento del día en que se sintió perdida.
Adjudicó el atributo de haber sido abducida por un vacío que la retenía.
Es cierto que los pasos no perdieron rumbo, pero si sentido.
Un hueco se hizo lecho en su silencio despintando y oscureciendo.
Un guión prefijado la puso rumbo a lo cotidiano.
Sin embargo, era no otra.
No era ella, ni otra.
No se reconocía.
Participaba de las pautas prefijadas y no desentonaba, pero sabía que había entrado en el cuerpo extraño de si misma.
No se reconocí, aún cuando se sabía.
Recordaba que ese estado extraño de sí misma no era nuevo.
Lo había asido en otras ocasiones.
¿Es posible que en la noche que antecedía su viaje hubiera traspasado el umbral?
Nunca se sabe.

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7 nov. 2009

Teresa

-Lluna, vine!- Se sentía desde el hueco de la escalera, cuando Lluïsa estaba intentando abrir la puerta de su casa.
-Lluna!- repitió ella siguiendo el impulso de querer participar.
La perrita menuda y blanca, de pelo ondulado, apareció a sus pies con gestos de alegría explícita.
-Lluna, on ets!- Repetía la vecina del primero.
-¡Aquí! ¡Teresa, la tienes aquí!- Respondió Lluïsa al tiempo que bajaba con ella en brazos.
-¡Mira que eres bicho!- Le decía cariñosamente, mientras la dejaba en el suelo ante la puerta abierta de la casa de la mujer de blancos cabellos.
-Lluïsa, entra, te enseñaré una cosa.- Dijo la anciana con gesto extraño.
-Ara no tinc temps, però quan torni, més tard, et trucaré a la porta i passaré una estona amb vosaltres.- Contestó amable a la invitación, mientras subía a su casa para recoger una carpeta de las que llevaba para ir a clases.
-Se me hace tarde. Luego hablamos, vale.
Se oyó la voz de la joven mientras desaparecía escaleras a bajo.
Teresa sintió un vacío profundo.
Esa joven era para ella como una hija. La hija que nunca tuvo.

Sus hijos intentaban llegar, pero eso no bastaba.
Cada día encontraba una excusa para atraer la atención de Lluïsa y pasar un rato con ella.
Esa muchacha que cogió el piso siendo muy jovencita tenía a sus padres en otra localidad. Aunque llevaba una vida muy activa, no paraba en casa, al tiempo era de carácter familiar. Sabía escuchar.
Incluso se diría que disfrutaba escuchándola.
Esperaría con oído atento y corazón inquieto el momento en que la muchacha diera vuelta a la llave de la puerta de la calle, con seguridad inequívoca de que realmente haría lo que le prometía.
Llamaría a la puerta con los nudillos haciendo un repiqueteo rítmico que a ella le sonaba como música de ángeles.
-És un àngel.- Pensó, mientras se le humedecían los ojos.
La perrita jugueteaba con una zapatilla deslizándose por el piso del pasillo.
-Mira que ets juganera!- Dijo en voz alta, tomando a la perrita en sus brazos y llevándola a su regazo.
-Gràcies!
-Tu saps com fer-la venir al meu costat.
-No sabia com fer-ho per dir-li que entri quan torni dels seus estudis.
-Ets un sol, lluneta meva!

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3 nov. 2009

Leti

Los rincones de la casa acumularon palabras no dichas.
El silencio hizo hueco en su alma.
Ella retuvo un recuerdo en el olvido que los días traían.
Hubo un tiempo en que la lluvia mojaba.
De pretérito a presente pasaba.
Estaba enredada en el quicio ocupado por ensayos de gestos olvidados.
Quemaba solo pensarlos.
No les hacía oídos.
Descartaba y seguía insistente los pasos hacía la nada.
A penas pudo contener el aliento.
Quedó atrapada.
Vería pasar la caída de las hojas y el renacer del sol en cada uno de sus ciclos.
Quedaba esperar la llamada hacía esa morada.
Quería que esa fuera de olvido absoluto.
Que no tuviera un recuerdo del paso por este mundo.
Cerrar el ciclo sería el premio a una vida sin sentido.
Renunciaría a otras vidas.
En ese espacio intermedio en que nada ha sido querría quedar.
No podría enfrentar de nuevo el desgarro de la inhumanidad.
Prefería quedar sin voz ni aliento.
La tristeza es el viaje a la desdicha.
Ese pasaje estaba con ella desde el momento en que la vida pareció sonreírla.
¿Por qué?
Se decía.
Acaso no es suficiente el desgarro de vivir, que además has de transigir a la injusticia del reparto ímprobo.
Leti recordaba haber soñado una vida mejor.
Ese sueño ya no le servía.
Todo era mezquina mentira.
Cantos de sirena atraían conciencias que en ellos dormían.
Apuro el paso que al vacío la atraía.
Moriría.
No esperaría.
La sonrisa de un niño se dibujo en la nube.
Se daría plazos nuevos.
Ese resquicio de esperanza la retendría.

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21 oct. 2009

Hay límetes que no osamos traspasar

Coherencia.
Se espera.
Se desea.

No basta.
Hay que tirar de la manta.
¿De qué manta?

Innecesaria.

Un hilo del que tiramos.

Un corto en que el símil de deshacer un jersey representa la destrucción del planeta.
Se intercalan imágenes del globo terráqueo con razones de esa reconstrucción.
Miles de mensajes sembrados para abrir conciencias que no tienes operatividad.

Nos hacen sentir culpables del mal ocasionado por los grandes engranajes que también nos tienen bajo su muela.

Desvían nuestra atención hacia el sentimiento de culpa.

Ponen sobre nuestras espaldas el peso que nos aplasta.

No puedo ni con mi alma.
Así un día y otro.
Desgastamos las ganas.

Alas cargadas de mugre.
Aire infecto e irrespirable.

Desgaste.

No tengo palabras alegres.

Rompe la ola en la escollera.
Desangre.

Por aquí y por allí, tanto hambre.

Te sentirás contento.
Te sentirás contenta.

¿De qué?

De tu miserable trozo de pastel.

Casi mejor que así te sientas.

Si no lo vives de esa forma, en nichos de barrios apiñados mientras otros disfrutan de hectáreas y salones, no podrás abrir lo ojos a que mañana sea.
Quise apuntar a una línea de fuga.
Sigo intentando tal.

No me vale la letra hueca.
Mi sino he de apuntar.

Marcharé sin mucho ruido.

Somos multitudes.
No lo olvido.

Nada me impide tomar el teclado y aporrear lo que en otro tiempo hubiera sido hablar.

Cada vez es menos la posibilidad de dialogar.
No hay tiempo.
Masificada la letra en estos sitios, es lo mismo que la mordaza de otro tiempo en que la amenaza hacía callar.

Hay límites que no osamos traspasar.


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20 oct. 2009

Errantes

¿Cómo pudieron dañarte?
¿Cómo pudieron diezmarte, sajarte y fracturarte?
¿Qué osadía les hizo tirar el dardo sobre tu pecho dañado?

Alimañas somos, que atacamos a quien dolido sangra.

Como esas gallinas de corral que picotean a la que herida no se puede escapar.

Saciamos el instinto hincando el diente cual vampiros.

Unas veces víctimas y otras esbirros.
Así somos.
Así nacimos.

De adrenalina se carga el instinto.


Rondando sobre esas letras.

La mañana fue oscura.
La pendiente no era insuperable, pero tiraba conteniendo el paso cansado.

El día sería largo.


Recogiendo con presteza unas palabras para que no se oculten en la memoria esquiva.


Horas muertas.
Palabras destiladas en el hueco oscuro del tiempo.

Deseos manifiestos.

Consentimientos.
Con sentimientos.

Cubre el día con su luz, todo lance y acritud.

Errantes.

Esas letras plasmadas en un papel doblado en el bolso.
Ahora ha ido por ellas para dejarlas engarzadas con las ideas prensadas.


Harto difícil destilar aquello que se quiere encajar.

Es algo así como vivir en dos mundos.
Uno de ellos vacío, el otro reconstruido.

Quiere tirar de ella.
No consigue otra cosa que enmascarar ideas que no consigue trenzar.


Hilos.
Hilvanes.
Nudos de desmemoria.

Le será posible saciar.
No será.
Si así fuese, quedaría en la noedad.
Es mejor seguir en la búsqueda.
Eso da posibilidad.

Hubo un tiempo en que las luces del cielo ocultaban las sombras bajo un sombrero.

Palabras mágicas.
Conjuros.
Versos que cantan al unísono desde el origen.
Retorno al vientre oscuro de la primera madre.
Luz.
Reflejo en la noche oscura.
Luna negra aposentada.
Recreando ese baile de brujas.
Encadenando palabras.

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Mañana fiesta

He perdido puntos de aplique.
Es cierto que tras un obstáculo salvado o sorteado, damos con otro.
Creíste que podías espectar un posible y das con el marasmo incombustible.
Las horas muertas no producen, pero traman un instante desbordado.
Haces huecos de silencio.
En ellos la paz del alma amansa y acuna tus versos.
No es eso, es la lluvia de descargas.
El agua toma rumbo incontrolado.
Sigue surcos del pasado.
El agua forma parte de ti.
Primigenia mente manda.
Disuelve la piedra en barro.
Allana el monte y la montaña.
Lo que hoy es importante, irrelevante será mañana.
Mañana cobra fuerza y tensa el arco.
El tiempo no se para en mientes.
Ristre de ariete incandescente.
El fuego disuelve y trae aire.
Somos aire.
Suspiro impenitente.
Buscamos asideros desde la torre más alta.
No miramos las calles empedradas que pisamos.
El cielo cae a plomo en nuestros hombros.
Disentimos por sistema.
Construimos sobre tumba ensangrentada.
Savia bruta elaborada con silencios y palabras.
Construimos letanías en el alma.
La ponzoña se apodera deshojando vidas enteras.
¿Tan difícil es dar los pasos?
Cuerda enhebrada en hilachos de esperanza.
No descuides.
Hay substancias que te ofrecen paraísos de miseria.
Ahora ríes.
Pronto la soga al cuello ahogara los pasos conducidos hacía ellas.
Palabras cuerdas.
¿Quién las oyera desde ese rincón propio que a nadie otro llega?
Consejos desoídos a destiempo.
Es la quimera.
Aceptarse es el reto de una vida.
Curvas rotas y trazos del tiempo no valen.
Cada momento es nuevo.
Experiencia es lo que pierdo.
Gano en sentimiento.
El corazón va por delante.
Raciocinio cerró su puerta.
No hay prebendas.
¡Quién las tuviera!
Mañana fiesta.
Otros lloran las ausencias.
Los silencios ocultan tristezas.
Olvido.
Alma se quema.
Aire.
Eso es ella.
Consumida vuelve a su hacienda.
El cuerpo cubre etapas de supervivencia.
Alargar la vida para perderla.

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SOLTANDO RIENDAS

19 oct. 2009

No me consientes

Paseo por el paisaje deshojado por la vida.
Respiro.
El aire es frío.
Me tapo.
Evoco un verano.
Ahora caliento mis manos.
No todo fue desechable.
Perder, en un momento dado, abrió nuevas posibilidades.
Así se abre el trapo en que tiño y recoso algunos piazos.
Tengo todo el tiempo del mundo para recordarme.
Es la tarea que sostiene mi lance.
No busco significarme en el aire.
Todo es aire.
Cenizas que caen al barro primigenio que nos une.
De mentiras y lisonjas me huye.
No por eso me coloca por encima de las cosas.
Al contrario.
De ellas la sustancia no es otra.
Hoy por mí, mañana por ti.
No siempre se tiene en cuenta.
Decaes y doblas tu porte.
Miradas que ven lo que ante el espejo no encuentras.
El mundo devuelve la sonrisa que a él desbordas.
Distiende el gesto que el boomerang devuelve en potencia lo que de él sale.
Una sonrisa suele abrir puertas.
Palabras sordas y oídos huecos a tu memoria.
La de tu historia.
Las emociones y las pasiones.
Los dimes y diretes de la gente.
El qué dirán.
No es para tal.
Ahora miras y comprendes.
Eran límites que querían protegerte.
La lucha para romper diques te hizo fuerte.
No me consientes.
Me quieres.

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16 oct. 2009

La luna

Prestó al aire mi silencio.
Arranco mi sueño en la mañana.
Confluyo los ayes de mis tiempos.
Recalcó en mí el sentimiento.
Ella sola construyó palabras de mis versos.

La luna.

¡Quién sino podía hacerlo!
Ella controla las mareas y ciclos.
Es la que en la noche palpita en un cielo no visto.
Cuando en las sábanas me arropo, ella guía mis pasos.
En ese viaje no controlado es ella mi faro.

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15 oct. 2009

No hay marcha atrás

Volveré a esparcir el polvo, señalando mi destino.
Asiré coplas y versos en engarces descompuestos.
Miraré por ese hueco no visible a otros ojos.

Veré.

Te veré en ellos.

En las líneas de mi cuerpo.
En los ojos que ahora no reconozco.

No recuerdo.

El paño que pasé a penas dejó algo de lo nuestro.

Algo nuestro.
Eso es.

Hubo un día en que quise arrastrarte a mis sueños.
Con caricias y te quiero.

¿Dónde quedó?

Lo hubo.

Ahora recuerdo.

Sin embargo.
No estamos en ello.

¿Hemos muerto?

No te siento.

Volvería a ese abrazo y sentiría tu llanto.

Ese sí está enquistado.
En algún recodo del cerebro que ya no siente tu gesto.

Formas parte de mis muertos.
Formo parte y no lo siento.

Has estado aquí a mi lado y has escapado.

Algo te iba por dentro.

No has osado.
Me he quedado con el aura fantasmal que tu presencia me ha dejado.

¡Tanto tiempo!
Casi ya ni lo cuento.

Sesgos de memoria deshilada me han dejado en la estacada y tú en otros entuertos.
¡Cómo vas a saberme si no has estado dentro!

Impotencia es lo que siento.

Amantes fuimos en otro tiempo.
Por ti bebía los vientos.

Me has visto igual a siempre.
Yo no te encuentro.

Has varado en otros puertos y éste sigue en dique seco.

¿Esperabas desconchados que he tapado?
Has mirado desde la sustancia del recuerdo.

Es posible.
¿Has estado elucubrando lo imposible?

Es posible que me amaras y no importara mi cuerpo.
¿Es mi alma lo que viste en otro tiempo?

Si fue así, llevas premio.
No siempre llegamos tan hondo.
Nos perdemos en el brillo de unos ojos sin adentrarnos en ellos.

Has marchado y lo que por mí ha pasado fugaz, como los recuerdos que recorren nuestra mente cuando se está ante una muerte, ha sido el llanto que se insertó como daga, cuando decidí seguir impulsos arrastrados hacia amantes que para nada merecieron mi atención y ahora son nada.

La vida nos pone ante nosotros mismos.

Inequívoca sigue rastros marcados por pulsos equívocos, para llevarnos a nuestro páramo seco.

Recorremos por ella pisando y orillando lo que más queremos.
No lo sabemos sostener.

Deja de ser.

Es similar a la pérdida de inocencia.

No hay marcha atrás.

Tienes que arredrar y contar que otros ríos vadearás.


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13 oct. 2009

Hay princesas en los cuentos

Hay princesas en los cuentos.
No quiero ser una de esas, pero no sé bien si quise serlo.
Recuerdo esa infancia de embebida lectura de cuentos.
El primero de hermanastras y lentejas mezcladas con piedras.
Jugaba con dos galanes, yo para ellos la dama.
La que atada de cuerdas uno de ellos salvaba.
Poníamos una piedra en zapato para parecer mujeres subidas en altos tacones.
Queríamos el pecho abultado.
De modelos nos sembraron.
Rompía mis bragas blancas subiendo y bajando en toboganes improvisados en piedra desgastada por nuestro acto.
Los marrones leotardos se rompían por rodillas.
Subía a árboles y tapias.
De niña saltaba y corría.
A mis tiernos diez años cumplidos, sentada en sillita de anea, pespuntaba y hacía cruceta.
Con ganchillo una mantelería, amarillo oro y blanco damasquinado.
Tierna era y obedecía.
Mis sueños tomaban vuelo a lejanos horizontes.
Cocinitas y juegos de los de niñas.
Ensayos para ser madre.
Cuadernitos de recortes y vestidos de muñecas, a las que en un retalito bastaba pasar los brazos por agujeros recortados con tijeras, de las que hoy no dejamos a manos tiernas por temor a que se hagan daño.
Restos de esmalte para pintar trajes a dibujos de princesas, trazados sobre papel cebolla encontrado en un portal de lo que hoy sé era un lugar de delineantes, dibujantes de planos.
Posiblemente pensé, equivocada, que podía ser una de ellas.
Sin embargo, tomé de la vida la vía más concreta.
Me hice maestra.
Tiernas manos me acompañan, en un tiempo que no pasa por ellas.
Ellas pasan.
Es posible que la vida me haya quedado en letargo. Como el de aquella durmiente que quedó en un jardín enmarañado.
No hubo príncipe que salvara mi ansiedad y rompiera soledad.
Hubo personas que supieron regalarme ese pulso que de mi hace desear volver a empezar a cada instante y renovarme.
Aquellos que sacaron lo mejor de mí misma fueron los príncipes y princesas de este cuento que acaba en un continuará mañana.
Ahora es mañana. Emulando el tema del poeta.

"Ara és demà
No escalfa el sol d’ahir"


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12 oct. 2009

Un hombre dolía

Pacífica asestó el disparo.
Descargó el golpe y marchó.

En el camino perdió el rasgo.
Se transformó.

Deshizo el pasado.
Resplandeció.

Atrás quedó.
Nada de lo que perdía añoraría.

Sabía.
Se veía sobre el asfalto sangrando.

Él reclamaba lo que de ella no quedaba.
La vida.

Olvidó.
¿Quién era que la agarraba en sollozos?

Desde ese lado nada es.
Fue un instante.

Dejó de ver.
De verse sobre la materia y en ella.

Ahora regresaba al núcleo del Ser.

Un disparo fortuito segó una vida.
Una mujer herida de muerte partía.

Un hombre dolía.

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11 oct. 2009

¡Vienes a verme!

Has rasgado el trueno en la mañana rompiendo mis entrañas.

Hielo enquistado en el alma.
Silencio opaco.
Herida del pasado.

Encarnas en mi mente la siniestra sombra.

¡Vienes a verme!

Eludo el encuentro ensortijando esperanzas que diluye el instante.

Vendrás mañana.
Dame tiempo.
Él se me escapa.

No entiendo el sentido del dolor para permanecer en desazón.

Aún así, permanezco adherida a la esperanza.
Me quedo en él sintiéndolo testigo de mi ser.
Muchas muertes sucesivas construyen esto que doy en llamar mi vida.

Renacer a cada paso esperando sobre un tapiz desollado de espanto.

Reír o sonreír en el espejo para animar el nuevo paso.
Mirar de ser en un estado no ingrato.
Contener con diques las aguas que vienen a derribarlo.

Sentimiento alejado bajo el juego de apariencia de lo bueno en el pasado.

Sombras siniestras se reposaron como poso en la ciénaga de lo extraño.
Una tímida luz aparente en cada paso.
Apariencia descubierta como algo real y regalado.

Todos los seres vivos deberíamos tendernos la mano.

Nos miramos con inquina a cada paso.
Deshacemos con los actos las palabras lisonjeras que usamos.
Respondemos con el quiebro del desdén y rechazamos.

Somos víctimas del puñal que apretamos con el puño ensangrentado.

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10 oct. 2009

Explorando

Quitarle hierro a la cosa.
Darse ánimos y seguir a delante.

Tirar de la cuerda aunque se rompa.
Anudando en los quiebros del pasado y olvidando.

Dando pasos hacía la concordia.
Reparando con tiritas invisibles y pintando lo que se ha ido cascarillando.

Desandar el camino errado, buscando el tajo dado.
Aunque en el retorno nada parezca lo mismo.

Los rastros de nuestro paso allí han quedado.
Perpetrando e inventando mientras nos sea dado.

Explorando.

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7 oct. 2009

¡Serás!

Un círculo en el aire.
Un as en tu manga.
Se cierra en un puño.
Sufre la nostalgia.

Aires que renacen.
Puertas que se abren.

¿Será para dar paso a nuevas palabras?

Nuevas en tus manos.
En ellas ensartas hilos entrecruzados de versos olvidados.

Reconstruyes un paso no dado.
Abres un silencio pactado.

Ignoras de qué lo has entregado.

Desconoces, en el olvido, que estuviste soñando un presente huido.

Arietes cortan el caldo vital sin dejarlo circular.
El pecho de ahogo clama.

Ristras de silencios y palabras.

Espacios entre el texto que reclamas.

¿Vendrá mañana o se ausentará?

¡Quizá!

Posiblemente tengas algo que nombrar.
Algo para el recuerdo ensortijado en la maraña de tus sueños.
Algo con lo que pactar el paso del tiempo que se va.

Enredaderas suben las tapias de un espacio plantado en ese recuerdo.

Estuviste correteando, saltando y brincando.
Fuiste la niña que asombrada miraba la luna cuando caminaba.
Sintiéndose seguida, e incluso perseguida.

Miedos infantiles dejados en un rincón que puedes recobrar.

Volverás sobre tus pasos en tu declive.

Una sombra se dibujará sobre el perfil, ajustando los tiempos pasado y presente.
El futuro en ellos se cerrará.
Se diluirá tu memoria.
Dejará de pertenecerte.
¡Serás!

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6 oct. 2009

¡A veces!

Respuestas aladas.
Palabras quebradas.
Ecos que se apagan.

El alma repara.

¿Vendrás mañana?

Al pie de la escala me tendrás sentada.

¿Recuerdas?

Vuelves con el viento que esquivo.
¡A veces!

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5 oct. 2009

Querría volar

Abriré un camino para mi destino.
Hilaré las cuerdas que de él vayan colgando.
Rodaré la cuesta que me lleva abajo.

Remontaré al llano.

La vida es puro ensayo.

Unas veces arriba y otras de lado.

Me quedan las ganas de volverla a empezar.
¿Será cierto que la rueda nos dará otra oportunidad?

Me gustaría gustar de la lluvia y saltar sobre el mar.

Querría volar.

Un ave, en ella quiero regresar.

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4 oct. 2009

Ella dormía

Apuró su tiempo.
Estirando el brazo quiso alcanzarlo.
No le fue dado.

Correría tras él.

Grandes zancadas le iban separando.

Cuando cansado y triste paró, constató que al otro lado todo quedaba quieto.

Retrocedió con espanto y en ese acto le alcanzó.

Fue un contacto frío.

Algo se resquebrajó.

¿Acaso en los sueños los espejos son materia frágil que pueda fracturarse?

Despertó con las manos húmedas y las cuencas vacías.

Ella dormía.

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20 sept. 2009

Miro las cosas desde un ángulo otro

Abro
Sufro
Padezco

Respondo al reto del tiempo en si manifiesto

Enrosco en usos dispersos

Resisto el tiento disoluto

Empujo la puerta adherida en bisagras de óxido y marañas
Resquicios de luces fatuas engañan mi intento
Desisto y me quedo dentro

Vuelvo con arranque inusual

Intento
Remedo

Aprieto con fuerza la llave que no encuentra donde estar
La guardo a la espera de ese momento inusual

¿Vendrá?

Es posible que ya nunca más

Entonces…

¿En qué me queda estar?

Miro las cosas desde un ángulo otro


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24 ago. 2009

Ingenuamente pensamos.

Hay matices que alcanzan a ensamblarnos
unos con otros
para que el tiempo se apiade
y la parca que asoma
parezca no llegar nunca a nuestro lado.

La guadaña va haciendo estragos.

A otros.

Ingenuamente pensamos.

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15 ago. 2009

Rebeca

He caído en tus brazos.
Hubiera supuesto que no fuera así, pero viniste a mí.

Parpadeaban esas líneas sobre la pantalla.
Confusa leía y releía.

-¿Cómo he podido darle pie?
Se preguntaba en silencio.
-No recuerdo haber dado señales de lo que siento. No por este medio.

-¿Será su juego?
-¡Es eso!
-Me pone a prueba.
-Si consigue su objetivo seré títere en sus manos.

Rebeca envió el mensaje a spam y salió de la aplicación.

Se le habían ido las ganas de seguir conectada.
La zozobra se adueñaba de ella.

Decidida, cerró la conexión y, tras tomar su bolso, salió, no sin antes dar un repaso a las estancias de su casa.
No le gustaba abandonarla con ventanas abiertas y en desorden.
Tiempo atrás no hubiera parado cuenta, pero, tras perder a sus mayores, cayó en ese tipo de rutinas.

Empezaba a tener manías similares.


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8 ago. 2009

¡Me entretengo!

De tu boca un verso.
De tu palabra señuelo.

Eres aire y soy viento.
A tus brazos vengo.

¡Me entretengo!

¿Será que la luna brilla para tenernos en el resquicio del tiempo?

De tus labios.
Un te quiero ha abierto un paraíso.

En ese vergel me inscribo.

Dale alas al barro y salta su espacio.

Cenizas mirando.
Ojos apagados.
Ceñudos silencios.

El otoño antecede un gélido invierno.

Bebamos los frutos mientras son maduros.

Mañana apunta a poniente.
En él se mece la sirena silente.

Hoy cabrillea esperando tenerte en frente para recorrerte.


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4 ago. 2009

Calandria

Los cánticos de la mañanera calandria nos despertaron de madrugada.
Tuvimos tiempo de sobra, ya que no esperábamos salir de casa tan temprano.
Sólo nos paró el cansancio.

En http://cerques.ning.com/profiles/blogs/calandria-1 se complementa el contenido.

1 ago. 2009

¡Estuvimos!

Le grito al viento
con desespero.

No me atiende.

Hay alguien que escucha
entre las paredes.

Mi sollozo eterno.

La vida se descuenta
plasmando manchas selladas en sus paredes.

El futuro es hacer un mapa de cuentos y descuentos.

La balanza nunca da cuenta
de lo que pasa.

Está enredado en el alma.

Hubiera sido,
pero no.

Perdimos en cuentas desmembradas la ristra de posibles.

¡Estuvimos!
De eso testifico.

Te has ido sin haber venido.

Queda entre los pliegues volubles
que tentaste en arpegios.

Me dejaste herida y sin asidero.

Había de pasar ese trago
para que lo dulce del insípido presente tuviera sentido.

Dibujaste trazos en mi cuerpo que marcaron ecos.

Erraste por ese bosque a la búsqueda del tiempo.
Miraste por la rendija de mis sentimientos.

Aún así salí a flote.

Ahora tengo versos para recordarte
y saberme en ese momento.

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30 jul. 2009

Mira mi cara

Mis letras no navegan por eros.
Ladean el río y se adentran en el bosque.
Persisten en llamar a la puerta del alma que se resiste.

Quebrada tangente, apunta a poniente.
Esos versos de otro tiempo aún golpean mi frente.

Palabras que lleve el viento del este.

Multiplicidad de luces abren un abanico de matices.

El doliente corazón sangró.
Esa es la razón de su cerrazón.

“Soy libre”
Le dijo al aire.
Éste le abofeteó.

“Tengo alas”
De bruces en el suelo dio.

“¡Mira!”
“Mira mi cara”

En ella las cuencas hundidas dicen y callan.

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25 jul. 2009

Él me trae la palabra

Distancias
Barreras
El tiempo confluye en ellas

Romperlas es abrir puertas
Dar alas al alma frente a un cielo abierto
Cerrar el ciclo para poner la mirada sobre el camino

No hay caminos sin razones
Todos ellos cierran y abren, aunque rompan
Disponible hasta que el giro deje la espalda expuesta

Cerrando la compuerta

Predispuesta para tomar el petate y seguir a delante
La vida es el reto de la renovación
Bajas al pozo oscuro del alma para reconocer la luz

¡Una estrella brilla!
¡Está en mi alma!
¿Vendrás mañana?

Aunque no fuera así, me bastaría esperarla
Siempre es posible sentir el cielo bajo el que camino
¡No es el mismo!

¡Yo sé!
¡Y qué!
Nada más cuenta

Hay que tirar el lastre para seguir
Este viaje ha de ser en ligereza en la piel
Mudas

¡Eso es!

Muchas de ellas alfombran sobre las nuevas piedras
Cantos rodados desgastados
Remontan al origen

Las grandes ofrecen en él posibles
El río no siempre va a parar al mar
La nube lo hace remontar

En granizo se diluye
En nieve se remansa
En agua se fractura

Él me trae la palabra

Sana mi alma

A esos lares iré, pero después

Si obvio la distancia, es posible que florezca la retama

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17 jul. 2009

APUNTE 70

El amante deseado no es dado.
Lo recreas por tu mano alargándola en el alma y disipando su añoranza.
Él abrió las venas para sangrarlas.
Hubiera sido posible y cuando lo fue no estuviste.
Desencuentros antedichos y predichos.
La vida es así de triste.
Un sueño es lo que tuviste, dulce niña, en ese encuentro.
Le sentiste.
Por él bebiste los vientos.
Alimentó tu aliento.
Le creíste.
Ahora piensas carcomida que fue un juego que alimentó su ego.
Te resistes.
No concedes al tiempo de ese romance equívocos ni engaños.
La trastienda te presenta otro plano.
Saliste de la maraña que enredaba tu alma.
Ahora piensas y te descubres en la dicha de la calma.
¿Fue el último trago o has de esperar otra espada?
El amor tiene estas cosas.
Es el vaso que no sacia la sed que siempre arremete en tu ser.
Hubieras sentido y vivido.
Miras al hueco de lo que dejaste en el camino.
Nada es previsible.
Seguiste lo indecible.
Sin embargo seguiste y estás para decirte.
Moradas del alma quedaron cerradas.
A cal y canto las has tabicado.
¿Será errado, o al contrario, es lo adecuado?
Hermanos de sangre allí han quedado.
Hermanos y hermanas por ellas pasaron.
De este crimen vital te has deshojado.
Cerrarías la puerta de un portazo, dejando la llave del otro lado.
¿Lo harías?
Muchas veces lo has pensado, pero el aleteo sutil de la mariposa que te acompaña lo ha parado.
Un gran sunami se ha avecinado y ha habido diques que lo han parado.
Cuando la soga parece ahogarte surge el impulso para salvarte.
¿De qué te evades?
Unas veces paras y miras el vacío que te acompaña, viendo un mundo descolorido y sin sentido.
Otras, oyes el viento y el aire que te acaricia y hace sentir que aún hay alguien al otro lado del mundo esperando tu latido.
En ese caso, dejas que la caricia amanse tu gatuna sensibilidad dejándote tocar y amansar.
La fiera se dulcifica y asienta en la yoidad sin la doliente necesidad.
Buscaste en ellos aquello que sólo en ti puedes hallar.
Esa es tu paz.
Dejar de buscar.

Ful de ases
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16 jul. 2009

APUNTE 69

Abro un hueco en tus entrañas para que el hado venga a devorarme con ellas.
Enrosco la cuerda en mi cuello mientras tu brazo en el serpentea abriendo paso al silencio.
Miro al vacío que se abre paso a mis pies mientras pienso que camino pisando sobre suelo sólido.
Respiro hediondos gases que aunque envenenan mi sangre dan paso al futuro que se tiende ante mí.
Construyo y ensarto las letras maltrechas.
Respondo al sino que marca mi destino ausente.
Enhebro la urdimbre huera de mis pesares.
No tengo salidas de escape.
Los pistones por presión de aire me retienen y contienen.
No pretendo otra cosa que narrarme en el arco del tiempo del que mañana será tarde para argumentarme.
Espesura y maraña enredada en lianas construidas en la rueca imaginaria.
Nada es algo.
Puro hartazgo de ventura dispuesta al auto engaño.
Han hecho de mi planos en los que se arrugan y pliegan mis esperanzas vanas, replegadas por orillos de membranas enlodadas y oxidadas.
¡Vendrás mañana!
¡Sé que me aguardas!
Lo supe en la cuna y de ella arrastro la desesperanza vana.
Un sueño terrible anida en mi alma.
Abriría las venas para sanarla, si en ello alcanzara el silencio que temo tras la muerte no se alcanza.
Pienso en ese otro espacio del ser al que tiendo y la silla quebrada se astilla mientras espero pasar el mal trago espectado.
Escribo para recoger lo que temerosa veo tras él.

Dead
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15 jul. 2009

APUNTE 68

Hay paisajes que nos acercan al olvido.
Son silencios recorridos a tientas.
Por ellos transito de vez en cuando.
En el regreso descubro aquello que perenne queda indemne.
Horas que atraviesan el tiempo sin serlo.
El cuerpo manifiesta su presencia y ausencia.
No siempre somos lo que fuimos.
De ello nos dolemos y resentimos.
A veces la cuerda se deshoja, dejando caer la carga en el vacío.
Volvemos a sentir los pies pisando tierra.
¿Hasta cuando el infortunio de la espera?

¿Hasta cuando?
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APUNTE 67

Abro una puerta a mi esperanza.

Cierro y calzo la calma.
Recojo un rastro desperdigado en mañana.
Miro de reojo al oscuro sino y despisto.
Me enzarzo en letras que persigno.
Palabras huecas que hacen ecos de mi sino.
¿Será posible pernoctar en este instante que vivo?

Insegura miro el fallo y me persigno.
No con gestos ni palabras.
No consiento.
Lo hago desde lo más recóndito de mí.
Auspicio nuevas alas a mi espalda.
¿Será de la oscura sombra que se ensartan?

No hay destino.
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2 jul. 2009

Ella

Sube la cuesta despacio, hilando pensamientos.
Aquella mañana sale de casa sin reparar en que todavía está oscuro.
El día remolonea. Eso parece. No es tal. Ha despertado tras dormir pocas horas.
La ansiedad le ha hecho salir sin mirar el reloj. Si lo hubiera hecho, habría comprobado que se ha precipitado sobre el asfalto cuando las calles empiezan a quedar vacías.
Hubiera seguido el serpenteo de la calle principal, pero ese día sus pasos le llevan a la cúspide donde se yergue la catedral.
En su plaza, algunos jóvenes mantienen conversaciones animadas. Es domingo.
En uno de esos bancos, un hombre solitario se pierde en su silencio.
Allí para cuenta en que algo no va como es de suponer. Mira el reloj que lleva en el bolso y comprueba que son las cinco de una mañana nueva.
Repara en su error y decide aprovechar para caminar.
Respira hondo y siente una sensación distinta. La ciudad a esas horas está tomada por las nuevas generaciones.
Otro tiempo se inmiscuye en su recuerdo. Hubiera sido parte de esa escena. Habría estado con sus amigos hasta que el cuerpo tomara el camino de regreso, para descansar.
Aunque no lo parezca, la vida coloca en uno u otro lugar.
Hubiera pensado que ese desplazamiento no se da, pero viéndose entre extraños constata que ha quedado al margen.
Vivimos en mundos distintos. Cada cual bajo un cielo que sustenta su paisaje.
Recapacita y busca dónde dejar correr ese tiempo que la casualidad le ofrece.
En su deambular localiza un bar. Abierto y ocupado por similares a quienes están de cháchara en la plaza.
Se sabe despierta y dispuesta a afrontar el momento.
Piensa en ello.
Últimamente ocupa su mente esa idea sobre vivir el presente.
Un café con leche. Eso es lo que consumirá, sin reparar en los rostros cansados de quienes deben observarla como personaje fuera de contexto. Descuadrada.
Cada cual ocupa un lugar en este retablo de la aparente realidad.
Está ante un abismo del que quisiera escapar.
No hay posibilidad.
Le queda dejarse llevar.
La fuerza de la nada arrastra su consciencia.
Mañana pasará de largo, pero ahora siente que lacera su alma con intensidad.
Cualquiera de ellos estará en su lugar. ¿Y ella? Ella quizá ya no será.
El sendero se bifurca sin darle otra posibilidad.
Añora el pulso que otrora la hacía volar.
Teme por la cordura y el saber estar.

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30 jun. 2009

APUNTE 66

Rompo en ti
mi tiempo.
Arco que se tensa
soltando saetas.
Cuerpos.
Desperfectos.
Enhiestos silencios.

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22 jun. 2009

Saia

Iba distraída, entretenida en sus juegos de niña.
La memoria no le daría visos de lo que había sido testigo.
El grupo avanzaba, como si nada pasara.
El ciclo cumplía y lo que contaba era su supervivencia.
Nada de lo que para nuestro tiempo es significativo tenía valor en su mundo.
Se entretuvo recogiendo esos frutos que la guía distribuiría.
Lo hizo perdiendo el rumbo.
Cuando quiso darse cuenta, era anochecido.
No temió.
Los miedos son algo que construye la mente, y para ello se hace necesario un previo que ella desconocía.
Se acomodó al lado de un frondoso árbol y preparó la que sería su cama para esa noche.
Hojas secas hicieron un mullido lecho.
Durmió bajo las estrellas de un cielo primero.
No supo si tuvo compañía.
Diríamos que la anciana veló para que ningún ser siniestro se posara en su lecho.
Cuando despertó emprendió el camino siguiendo el rastro del que creyó eran los suyos.
No fue así.
Tardó en darse cuenta de lo equivocado de su decisión.
Si hubiera mirado con cuidado, habría visto que la profundidad y medida de las huellas no se correspondía a las de quienes conocía.
Una silueta vaporosa e indefinida parecía estar a dos pasos de ella.
No supo qué sucedía, pero sí notó la serena calma que siempre sentía en compañía de su guía.
La anciana velaría por que la continuación de la línea de la vida no perdiera el futuro y con ello el grupo dejara de existir.
Las piedras del camino brillaban en ese momento del día en que el rocío las deja húmedas y el impacto del sol las acaricia.
Raixa olvidaba la soledad mientras se dejaba atrapar por ese mundo virgen que la rodeaba.
A lo lejos una columna de humo anunciaba presencias.
No conocía el fuego. Sólo el del rayo que desgarra el árbol o centellea sobre la roca.
El humo no era presagio.
A la puerta de una cueva, un grupo de seres parecidos a los de su especie organizaban un refrigerio matinal.
Niños y niñas correteaban.
Eso la pudo animar, pero algo distinto la desconcertaba.
Eran como el barro húmedo.
Ella recordaba los cabellos rubios de los de su grupo.
Una mujer que atendía la cabeza de otra, quitando con las uñas lo que después se llevaba a la boca, se percató de su presencia.
Dejo su tarea y se acercó a ella.
Tomó barro de un rincón y la embadurno.
Saia no pensó. Actuó.
Una niña más en el clan sería enriquecimiento.
La anciana desapareció mezclando su presencia con el humo de la hoguera.
Habían llegado al lugar en que el futuro quedaba en buenas manos.
La comunicación mental no entiende de idiomas.
Raixa viviría como una más hasta la edad en que floreciera.
Entonces ella volvería para guiarla.

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20 jun. 2009

Raixa

-Es necesario ponerse al trasaire-, anunció la anciana que guiaba el grupo de niñas entre las montañas.
Los hombres rodeados de niños y ancianos, la miraban en todos sus movimientos.
Respondían a sus gestos, más que a las palabras.
Éstas a penas les llegaban.
Las mujeres no necesitaban ni gestos ni palabras.
Recibían el mensaje desde las raíces que la tierra albergaba.
Habían llegado a ese estado del ser en que la vida se aúna reduciendo distancias.
Quedaron en descanso esperando que las niñas se acercaran con los frutos que la anciana repartía para el sustento del grupo.
Ella tomó uno y, presionando la lengua sobre el paladar, dejó que su esencia vital la recorriera.
Eran bayas rojas recogidas de arbustos a lo largo del camino.
Marcia, se alejó del grupo y pensó.
Pensar era algo que ignoraba.
Sabía y sentía.
Formular frases que sólo ella podía escuchar, era inaudito.
Nadie pudo apercibirse de su alejamiento.
La anciana con disimulo desvió la mirada mientras supo que esa joven se alejaba.
-Deberá cumplir su destino, el que sólo a ella se presenta.- Siseo en sonido casi imperceptible.
Raixa llegaba en ese momento a recoger otro pañuelo cargado de frutos.
La niña supo, pero guardó silencio.
En parte por no saber a qué atenerse.
La anciana captó su desconcierto.
-Ya te llegará el día.- Dijo, en el lenguaje de la mente.
Las palabras golpearon el alma de la niña, dejando un rastro helado que la quemaba.
Su mano izquierda apretó su frente, como queriendo recoger algo que en ella penetraba.
Guardaría el secreto sin saberlo.
Llegaría el día en que como a Marcia, a ella le madurara.
Ese día se alejaría del grupo para organizar su propia comuna.
En cada generación, una de ellas era la elegida.
Era la que sabía y veía.
La anciana sonrió.
La vida cumplía su ciclo.
Podría dejar su cuerpo en las raíces y olvidar.
Raixa sintió que una lágrima afloraba.
No sabía qué significaba.
Un cántico se impuso.
La anciana cayó abatida.
Marcia tomo su lugar y el grupo reanudo su marcha.
Raixa miraba atrás.
Una estela iluminada ascendió, dejando un montículo de musgo que parecía brillar.
Se frotó lo ojos descreída de lo que veía.
Las otras niñas correteaban alrededor de la nueva guía.
Ella sabía, aunque serían lustros los que la llevarían a ocupar ese lugar.

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14 jun. 2009

Elsa

Había alguien asomado tras el cristal empañado.
La lluvia corría encortinando la fachada que desde lo alto admiraba.
Había salido con esa sensación que sólo los días de lluvia le devolvían.
Recuerdos remotos de un tiempo propio se adueñaban de sus zapatillas.
No sabía si el rostro que se adivinaba bajo el vaho era de niña o anciana.
Recordaba que en el cuarto piso del 46 vivía una mujer desde no sabía cuando.
Eran los ochenta, cuando la vio subirse sobre su techado.
La casa de poca altura, aún se mantenía en pie.
Una edificación de las del siglo pasado. Para ser exactos, de dos siglos atrás.
Le costaba pensar que el veinte ya era el pasado.
En él se sentía residente, a pesar que el veintiuno estaba camino de cumplir su primera década.
Anciana no lo sería, aunque estaría cerca de ese momento en que los sesenta anuncian un nuevo ciclo.
Observando con cuidado, veía unos ojos tras unas gafas.
¿Cómo podía advertirlos con claridad, si a penas se la podía ver?
Sin embargo, parecía que tras ellos tuviera algo que reconocer.
Así fue. Se vio observando desde ese otro lugar.
Cuando quiso darse cuenta, supo que estaba al otro lado del espejo.
Que esa anciana prematura era ella en otro tiempo.
Ahora no contaba su edad.
La vida había llegado a un punto en el que sólo cuenta despertar.
Elsa supo que tenía ante sí un misterio a resolver.
Quiso tomar su cámara para hacer una fotografía, pero un sentimiento de vergüenza se lo impidió. No le hubiera gustado que una extraña hiciera eso con ella.
Eso le hizo titubear.
No es una extraña, soy yo.
Debo recoger la impronta para guardarla en ese rincón en que nadie va a mirar.
Volviendo con la cámara quedó petrificada.
Ante ella, un paisaje. El de la infancia.
Voces que la llamaban.
Era su madre.
-¡A merendar!
El olor del aceite azucarado en rebanada gruesa de pan, se impuso a todo pensamiento racional.
El desconcierto le hizo temblar.
-¡No es cierto!
-Lo debo soñar.
Abriendo los ojos veía cada vez con más claridad.
Se había abierto el túnel que todo lo permitirá.

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13 jun. 2009

APUNTE 65

Escribía como si en ello le fuera la vida.
Es que le iba.
Esa fue la razón que la tuvo tiempo ante el ordenador.
Dejó de lado papeles y lápices.
Tiempo atrás, instrumentos para sus vuelos de paloma.
Al principio, imprimía para leer y leerse.
No recuerda cual fue el momento en que sus dedos ágiles tomaron el tiento, desgastando las letras más concurridas.
La e, una de ellas.
La a, por supuesto.
La ese, la o y la ele.
No sólo esas.
Ene y eme, se jalean en confusos velos de invisibilidad, llevándola a confusiones por no saberlas tantear.
Otras letras, entrevistas.
Sin embargo, necesita iluminarse el camino para no perderse.
Aunque los dedos saben sin verse.

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APUNTE 65

Escribía como si en ello le fuera la vida.
Es que le iba.
Esa fue la razón que la tuvo tiempo ante el ordenador.
Dejó de lado papeles y lápices.
Tiempo atrás, instrumentos para sus vuelos de paloma.
Al principio, imprimía para leer y leerse.
No recuerda cual fue el momento en que sus dedos ágiles tomaron el tiento, desgastando las letras más concurridas.
La e, una de ellas.
La a, por supuesto.
La ese, la o y la ele.
No sólo esas.
Ene y eme, se jalean en confusos velos de invisibilidad, llevándola a confusiones por no saberlas tantear.
Otras letras, entrevistas.
Sin embargo, necesita iluminarse el camino para no perderse.
Aunque los dedos saben sin verse.

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11 jun. 2009

APUNTE 64

Por mucho que tires de ellas,
no podrás cogerlas.

Las palabras inciertas
cobran cuerpo y son aire.

Aplacan silencios.

Se abren como pétalos
soltando aromas
que a veces recoge alguien.

Si es así, cumplen su finalidad.

No siempre se les da la oportunidad.

Ríos que van a parar a un mar de silencios.

Ecos devueltos en los muros de lamentos.

Venimos dispuestos a tenderlas sobre la hierba de nuestros sueños.

Palabras hiladas con pulsos de deseos.

Un te quiero dice lo que ellas callan.

Un abrazo perpetrado buscando retazos de amistad.

A ellas no van.
Buscando con candiles apagados en la soledad.

Mañana arrasará el polvo.
Posiblemente alguna sobrevivirá.

Entonces tú y yo estaremos en la verdad.

La que tira de nuestro cuerpo hacía el origen.
La que arrastra el dolor de saber que allí estará.

El alma nos engarza en supuestos que nunca se darán.

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26 may. 2009

APUNTE 61

Los dedos de los pies se asientan en la arena.
El agua los quema.
Un ocaso la calma llena.

Paisajes en contraste.
El espejo actualiza cada día la misma escena.
Distinta en la retina.

Una fractura se abre paso.
La sima del mundo está en el alma.
Las manos la reclaman.

Cuerpos enlazados.
Suelo enlodado.

Un instante para tocar lo inmenso.

En tus brazos y un beso.


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25 may. 2009

María

-No son mis palabras, son tus silencios que no puedo soportar.
Escribía Juan en la pantalla aporreando el teclado y esperando la respuesta que ella callaba.
Se encontraban en un Chat.
Eso es un decir, porque ella se limitaba a estar.
-Sé que me escuchas.
-Dime algo.
-No me tengas en ascuas.

Ella reía mientras leía.
Había dejado que fuera él quien diera el paso.
Eso era su ventaja.
El siguiente ella lo daría.

María, había sufrido largos años de frustración, tras haber aceptado casarse con Ramón. Su familia no hubiera entendido que desechara la oportunidad que un matrimonio ventajoso le brindaba.

Hacía tanto de aquello que ni siquiera dolía, pero los juegos a que él la sometía le enseñaron.
Sabía qué.
Dejarse hacer sin que su alma quedara.

Estuvo siempre dispuesta a los requerimientos y en cualquier momento.
De ello nunca hubo fruto.
Su vientre nunca se hinchó.
Puso los medios para evitarlo.
Cuando él quedaba dormido iba rápido a vaciar su copa y eso funcionó.
Un truco que alguien le enseñó dio resultado.
No quiso hijos. Eso no le hubiera permitido mantener su alma al margen de lo vivido.
A él no parecía importarle.
Ya tenía su prole escampada por todo el valle.
Era un cacique de los de antes.
El tiempo no corre igual para todo el mundo.
Su marido vivía en el otro siglo.
Las habladurías la señalaban como la mujer seca.
Gozaba del privilegio de ser la señora ante su pueblo.
Asco, eso es lo que sentía al verles plegar su gesto al pasar ante ellos.
La nieve había dado fruto.
Sus negocios eran múltiples. Llegaban a rincones increíbles.
A los hombres se les maneja como se quiere.
Hay que saber sacar partido.
María había nacido con ese encanto que les subyuga.
Nacido y aprendido a utilizarlo.

Mientras leía en el teclado lo que su víctima escribía se pintaba las uñas y sonreía.

-Este es el mejor de los inventos, pero empieza a aburrirme.

Dejó escrito.
Ahora queda esperar. Pensaba mientras marchaba dejando la conexión abierta.

Ya tenía otro juguete que destrozar.



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24 may. 2009

Julián

Carlos se ha levantado de la mesa y dejado la servilleta sobre la silla, dejando al resto sin palabras.
Todo ha comenzado por una simpleza. Eli le ha replicado delante de sus hijos y eso ha sido la gota que ha rebasado el vaso.
Los abuelos se han mirado perplejos y Nina, la peque, se ha puesto a llorar.
Ella ha explicitado la tensión que ha desatado la furia contenida de su papá.

-¡Hija, no es para tanto!
-Hay que saber callar.
Ha dicho la abuela, mientras el abuelo ha hecho un gesto de reprobación.

-¡Mamá, tienes razón!
Se oye decir Julián, el niño que está empezando a ser un hombrecito.
-Papá se equivoca y tiene que entender que tú también piensas.
-No tienes que decir a todo amén.
-¡Tú vales!
Mientras formula estas palabras, las manos le tiemblan.
No sabe si podría hacerlo delante de su padre.
Es imposible que lo haya oído, porque ha marchado a la calle dando un portazo, pero se siente inseguro.
Su padre ha sido autoritario a más no poder.

Recuerda que una vez se hizo encima, ante el pánico que le produjo la severidad con que Carlos le había hablado.

Había sido un equívoco, pero eso no tuvo arreglo.
Fue tratado como si hubiera cometido un gran delito.
Había sido el vecino del quinto.
Él no sabía porqué, pero se le había acercado y con espanto había escapado.
Al hacerlo había roto una figurita de porcelana.
Pepín, que así se le llamaba, se había presentado ante sus padres reclamándoles que repusieran ese objeto que con tan mala fortuna había tirado al suelo.
No supo explicarse. No sabía la razón que le había hecho escapar del cerco que le había tendido, pero su instinto le había dado señales de peligro y él lo había seguido.

Ahora sabe del juego prohibido que había eludido.



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APUNTE 60

¿Cómo se asimila un golpe?
No se asimila.

Se retira poco a poco a uno de los múltiples estantes de los archivos del alma.


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