13 jul. 2011

Alma, quimera...


No vengas,
noche siniestra.

El relámpago se acerca.
Suena apagado el llanto pospuesto de un adiós indeseado.

Estación término.
Hombres esperan que el reloj señale la mesa puesta.
Conversan.
Todos alrededor de unas vallas con restos de protestas.

Papá en manos de sanitarios.
Mamá indispuesta.

¿El calor?
Un golpe que aniquila sus flaquezas.

Cierro una puerta.

Es mañana antepuesto.

La sensación va entrando, rompiendo sillares añosos, asentados en mi tiempo remoto.

No escribo para que me leas.
Lo hago para encontrarme ante el espejo de este instante.
Son las 0:27 de ese día que aún no es porque de la noche no tomé su sueño.

He partido.
He venido.
Estoy con ellos de nuevo.
Lo hago para acompañar y sentir mi propio final.

Largo día que quisimos acortar, acostándonos con sus luces finales.
Estoy despierta.

Sofocante calor y tormenta que no aligera el ambiente, haciendo falsas promesas.

Entre ayer y hoy, un abismo se abre a nuestros pies.
Perecer es la mirada doliente de nuestro padecer.

Amigos y amigas.
Extraños y extrañas.
No os sé.
Desconozco quienes sois.
¿Qué gestos os acompañan?
¿Quiénes os ríen y os reclaman?

¿Valió la pena confiar mi alma?

Alma, quimera de los mortales que pretenden sobrellevarse.

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