7 mar. 2011

¡Golpeas!


¡Golpeas!
¿Por qué lo haces?
¿Dónde tu inocencia infantil?
¿Dónde el niño que se arrebujaba en los brazos de la madre?
¿Dónde?

¡Pierdes!
¿Lo sabes?
¿Sabes que sin ella no eres nadie?

Un nudo se anuda más fuerte conforme más tiras.
Para que afloje, es necesario ceder.

Con la pata quebrada.

Eso era antes.

Eso pensaba.

¿Qué te llevó a querer un mundo entre los dos, si lo que querías era una esclava de tus intenciones y razones?

No hay razones.
Nunca las habrá.

¡Mía o de nadie!
Así clamas en tu fuero interno, envenenándote.
Así crees que debe ser el amor.

Ella se deshizo del deseo a base de frustración y falta de valor.

¿Fue otro quien le dio valor?
¡No!
Ella se recuperó del vacío tálamo que abandonó.
¡Brilló!
Su luz no llegó a iluminar la sombra de tu ira.

No cosifiques, si crees que la amas.
Recupera tu autoestima.
Aplaude su libertad de elección.
Si no es a ti, no te ciegues y déjala vivir.

Hubiera sido hermoso.
Caducó.
Se fue perdiendo lo que os llevó a ese encuentro.

No te pertenece.
Nunca fue tuya.
Es dueña de sus errores y tiene derecho a reinventarse.

Tú también te merecías otra oportunidad.
No valía golpear sobre el muro de silencio y soledad que con gritos querías traspasar.

Si algún día la amaste, no te ciegues queriendo volver atrás.

¡Se acabó!

Deja que despliegue sus alas y emprenda su vuelo.
Ella nació libre para vivir su vida.
No te tornes su verdugo, cuando antes la hiciste princesa.
No hagas que se rompa con requiebros.


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1 comentario:

  1. Bravo anna, una excelente narración de lo que el hombre de esa condición es y actua.

    Me gusto mucho la frase siguiente: Si la amaste deja que despligue sus alas para volar, ella nacio libre.

    un abrazo anna.

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